Gaiman
La historia de Alberto y el sueño de volver a correr

Alberto James hace algunos años atrás, participaba del deporte que más lo hace feliz hasta el día de hoy; corriendo en distintas maratones provinciales. Sin embargo, por razones de salud le tuvieron que amputar una pierna, y hoy necesita una silla de ruedas.
Esta, una historia de superación en la que nuestro protagonista necesita de la colaboración de quien pueda ayudarlo, también incluye un sueño. Alberto quiere participar en la corrida homenaje a los caídos en Malvinas el día 2 de Abril en Gaiman.
Pero conozcamos un poco más de su historia para comprender esta pasión y amor que tiene Alberto hacia este deporte.

Nació el 12 de abril del año 1961 en una chacra en la zona de Bryn Gwyn, y desde muy pequeño, se dedicó ayudar a sus padres en las tareas agrícolas. Estudió en la escuela Nº 130 de la Angostura y la escuela Nº 125 de Bethesda hasta cuarto grado, porque dice sonriendo que “no le gustaba estudiar”.
Si bien su pasión por el deporte siempre estuvo latente en su corazón, pudo hacer realidad sus sueños a los 13 años, edad en que compitió por primera vez en Trelew corriendo 1.500 metros.

Pero debido al trabajo Alberto dejó de correr por muchos años, hasta que a los 26 regresó a la práctica del deporte que más lo hace inmensamente feliz; compitiendo no solo en distintas carreras en su pueblo natal, sino también de la soñada carrera de Crónica en más de una oportunidad. Además participó en la carrera del maratón de las tres ciudades con 42 km, y la carrera de La Anónima.
Una agrupación
Eduardo Sánchez, uno de sus compañeros en este deporte, le contó a El Valle Online que tiene muchas anécdotas de aquellos tiempos. “Yo lo entrené y corrimos varias maratones tres ciudades; hacíamos la posta atlética aniversario desde Punta Cuevas (Puerto Madryn) hasta Gaiman. Formamos la agrupación atlética del Virch” recordó el vecino de Gaiman.
Una amistad muy especial
Alberto recuerda con mucho cariño y no puede evitar emocionarse al nombrar, a su querido vecino y relojero del pueblo Anastasio Arroyo. Nos cuenta que su amistad nació después de una charla, en la que éste le sugirió comenzar a correr: “probá vas a ver que te va a gustar”. Y fue así, como al domingo siguiente se reunieron para correr, actividad que hacían cada vez que podían.

Estos lazos de amistad incondicional, llevaron sus pasos hasta La Pampa, oportunidad en que compitieron en los 42 km. Para esta carrera, entrenaban saliendo a correr dos veces en el día. En otra oportunidad, Alberto nos cuenta que corrieron haciendo el recorrido de ida y vuelta hasta llegar a Dolavon.

Hoy Alberto disfruta de sus tardes en el centro Amalia y Robin
Pero un día, por razones de salud, se tuvo que amputar una pierna y desde entonces sigue adelante en silla de ruedas, hoy prestada momentáneamente por el hospital rural John Evans.
Por esta razón, admiramos el poder de resiliencia del atleta de Gaiman quien a pesar de todo sigue luchando para cumplir sus sueños.
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Familia Arroyo 📸

























