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Un estudio internacional detectó sustancias químicas en pingüinos de Magallanes

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Un estudio internacional detectó sustancias químicas de extrema resistencia al agua, la grasa y el calor conocidas como PFAS en más del 90% de los pingüinos de Magallanes muestreados en colonias de Península Valdés y Camarones. La investigación introduce además un método de monitoreo no invasivo que convierte a las aves en herramientas de medición ambiental.

El Houston Zoo financió una investigación conjunta entre la Universidad de Buffalo (SUNY), la Universidad de California Davis y el CONICET que detectó sustancias per- y polifluoroalquiladas —conocidas como PFAS o “químicos eternos”— en pingüinos de Chubut (Spheniscus magellanicus). El equipo publicó los resultados en marzo de 2026 en la revista Earth: Environmental Sustainability.

Los PFAS son compuestos artificiales ampliamente utilizados en productos industriales y de consumo. Su nombre informal —”químicos eternos”— alude a su extrema persistencia: no se degradan en el ambiente y pueden acumularse en tejidos animales, con efectos asociados a problemas reproductivos, alteraciones del sistema inmunológico y otros daños a la salud.

San Lorenzo y Cabo Dos Bahías, bajo la lupa

El equipo realizó el muestreo en dos colonias chubutenses durante tres temporadas reproductivas consecutivas (2022/2023, 2023/2024 y 2024/2025): la Estancia San Lorenzo, en Península Valdés —que alberga la colonia continental más grande del mundo, con más de 600.000 pingüinos—, y Cabo Dos Bahías, área natural protegida ubicada a 28 kilómetros al sur de Camarones.

Los investigadores colocaron bandas de muestreo pasivo de silicona en las patas de 55 pingüinos durante períodos de entre dos y nueve días. Los sensores absorbieron sustancias químicas del agua, el aire y las superficies con las que las aves entraron en contacto durante sus viajes de alimentación. El procedimiento tomó alrededor de tres minutos por animal y generó un estrés mínimo, según indicaron los autores.

El análisis detectó PFAS en el 91% de las bandas colocadas en pingüinos de Chubut, con una concentración promedio de 2,26 ng/g y un valor máximo de 16,23 ng/g. El equipo identificó nueve tipos distintos de estas sustancias, entre ellos compuestos que varios países ya prohibieron y variantes de reemplazo más recientes como el GenX.

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Una región remota que no está aislada

Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue la presencia de estas sustancias en una región con menos de dos habitantes por kilómetro cuadrado. Ralph Vanstreels, veterinario de fauna silvestre del Karen C. Drayer Wildlife Health Center de UC Davis y co-autor del estudio, señaló: “La concentración no es alta, pero la encontramos consistentemente. Muestra que incluso en esta región muy remota, no muy habitada, estos animales están teniendo exposición de manera consistente”.

La detección de compuestos de reemplazo como el GenX generó una advertencia adicional. Diana Aga, profesora distinguida del Departamento de Química de SUNY-Buffalo y autora senior del trabajo, indicó: “Esto plantea importantes preocupaciones de que los PFAS más nuevos, a pesar de estar diseñados como alternativas más seguras, siguen siendo lo suficientemente persistentes como para propagarse globalmente y plantear riesgos de exposición para la fauna silvestre”.

Los pingüinos como instrumentos de monitoreo

Más allá de los resultados sobre contaminación, el estudio publicada en marzo de 2026, introduce una innovación metodológica con posibles aplicaciones futuras. Las bandas de silicona permiten registrar la exposición química de las aves durante sus recorridos en el mar, convirtiendo a los pingüinos en una herramienta de monitoreo oceánico de bajo costo.

“Los pingüinos están eligiendo los sitios de muestreo por nosotros y dejándonos saber dónde es importante monitorear más profundamente”, explicó Vanstreels. El equipo prevé extender el método a otras especies, como cormoranes, que pueden bucear a profundidades superiores a los 75 metros.

El trabajo contó con la participación de investigadores del CONICET —entre ellos Luciana GalloGabriela Blanco y Flavio Quintana, del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR-CENPAT) de Puerto Madryn— y del SENASA Patagonia Sur.

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Para más detalles sobre este y otros sucesos en la región, visite El Valle Online. Síganos en nuestras redes sociales: Facebook, Instagram y X (Twitter).

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