Columnista
Terapeuta holística revela un ritual de limpieza energética con el viento patagónico

Hay lugares donde la naturaleza misma parece empujarnos a soltar. La Patagonia es uno de ellos. Su viento no da tregua: sopla constante, firme, a veces con una fuerza que obliga a caminar inclinados hacia adelante. Para quienes habitan esa tierra, ese viento no es un obstáculo: es una fuerza de renovación.
Por la terapeuta holística Laura Parrinello para El Valle Online.
El viento que no se detiene
El viento patagónico tiene una cualidad distinta a la de otros vientos: no llega y se va, se queda. Sopla día tras día, empujando nubes, moviendo pastizales, tallando la piedra con paciencia de siglos. Trabajar energéticamente con esta fuerza es trabajar con la idea de movimiento constante: nada se estanca demasiado tiempo bajo un viento así.
Simbólicamente, el viento se asocia con la mente, con los pensamientos, con aquello que pensamos que ya soltamos pero seguimos cargando en bucle. Un viento tan persistente como el patagónico es una invitación a confiar en que, si realmente soltamos algo, la vida se va a encargar de llevárselo lejos.
El fuego del kau
En los toldos tehuelches —el kau— el fuego ocupaba el centro del espacio de vida. No era un detalle decorativo: era el “corazón” del hogar, símbolo de calor, de protección colectiva, de vida compartida. Alrededor de ese fuego se ordenaba la convivencia, se cocinaba, se acompañaba a la familia.
Tomamos esa imagen como inspiración —con todo el respeto a la cultura tehuelche, sin pretender replicar una ceremonia que no nos pertenece— para pensar el fuego como el punto de calor y protección desde el cual sostenemos un ritual de soltar: no apagamos nada de golpe, sino que dejamos que el fuego transforme aquello que ya cumplió su ciclo.
Cuándo hacer este ritual
Este ritual combina bien con dos momentos:
- Los lunes, día tradicionalmente asociado a los nuevos comienzos y a poner intención en la semana que arranca.
- La luna llena, momento energético de mayor visibilidad emocional, ideal para soltar lo que ya está maduro para irse.
También podés adaptarlo al ritmo del río más cercano que es el Chubut: en épocas de crecida, el ritual se vuelve más sobre impulso y arrastre —dejar que la corriente se lleve lo que sobra—. En épocas de sequía, se vuelve más sobre paciencia y espera —reconocer qué todavía no está listo para soltarse, y sostenerlo con calma hasta que llegue su momento—.
El ritual
Necesitás: una vela o un espacio seguro para un fuego pequeño, un lugar al aire libre o cerca de una ventana abierta, y un papel con lápiz.
- Escribí en el papel aquello que querés soltar: una carga emocional, un vínculo, una creencia, un miedo repetido.
- Salí al aire libre (o abrí bien una ventana) y quedate un momento sintiendo el viento o el aire moverse sobre tu piel. Respirá profundo tres veces, imaginando que cada inhalación te limpia y cada exhalación empuja algo hacia afuera.
- Encendé el fuego (la vela o el fuego seguro que hayas preparado) y quemá el papel con cuidado, agradeciendo lo que ese asunto te enseñó.
- Dejá que el viento se lleve las cenizas (si estás al aire libre) o simplemente observá cómo el humo sube y se disuelve.
- Cerrá con una intención simple, en voz alta o en silencio: algo que quieras que ocupe el espacio que acabás de liberar.
Un cierre
No hace falta vivir en la Patagonia para trabajar con esta energía: alcanza con recordar la imagen de ese viento constante y ese fuego central, y traerla a tu propio ritual de soltar. La naturaleza nos recuerda, todo el tiempo, que retener no es lo natural — el movimiento sí lo es.
¿Probaste este ritual? Contanos cómo lo viviste en los comentarios.
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Por la terapeuta holística Laura Parrinello del portal Oro Espiritual para El Valle Online.


























