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Gaiman

Rebeca Henry sobre tractorazos de egresados: “poner límites es un acto de amor”

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Como cada fin de año, en Gaiman ocurre el tradicional tractorazo. Un evento en el que los alumnos del último año de la secundaria, desfilan por la ciudad a bordo de un acoplado tirado por un tractor.

Es una costumbre que lleva muchas décadas y que en los últimos tiempos ha crecido, también, en torno a la agresividad que no repara en daños a terceros. En cuanto a las autoridades municipales pareciera ser que les es más fácil ser “buenos” que justos. 

El último jueves sucedió el esperado evento, en el que la mayoría de los alumnos de sexto año aguardan con ansias, mediante los preparativos previos para hacer efectiva una serie de ataques hacia los grupos de los demás grupos estudiantiles perteneciente a alguno de los 4 colegios secundarios de Gaiman. Todo hace pensar que la gracia es atacarse unos a otros, usando las calles como campo de batalla.

Rebeca Henry

La docente Rebeca Henry,  reflexionó sobre esta tradición. Ella egresó del Colegio Camwy y fue en su juventud parte del tractorazo. Es por eso que se mostró contraria a la prohibición de esa tradición aunque puso sobre relieve que la conducta de directivos y adultos responsables, debiera tomar  roles que ayuden a ser responsables con esa libertad. “Poner límites no es estar en contra de la juventud. Todo lo contrario, es un acto de amor. Es querer enseñarles a ser buenas personas, ciudadanos empáticos y responsables”, expresó.

La profesora Henry  habló con El Valle Online respecto de su escrito público que recibió numerosos comentarios de adhesión. Reveló que entre docentes y directivos de los colegios, analizan para el año que viene avanzar en reuniones para tratar estos temas y poder trasladar valores de respeto recíproco a los egresados. Además reconoció que la prohibición no es el camino.

“El pueblo ha crecido, y ahora son cuatro los colegios secundarios que funcionan en el turno mañana. Lo que ahora llaman “tractorazo” es el paseo en tractor el último día de clases, sumado a una especie de guerra entre los egresados, que se tiran todo tipo de cosas, desde pintura, botellas, frutas, verduras y huevos en mal estado hasta bosta y vísceras de animales y otras cosas desagradables. 
Hace veintitrés años que trabajo como docente en Camwy y soy testigo de cómo fueron cambiando las cosas”, mencionó.

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Preocupación

“Personalmente, vivo el día del “tractorazo” con gran preocupación. He visto alumnos descompuestos, llorando, manchados con pintura acrílica en la cara y el pelo, golpeados por recibir botellazos sumado a todo tipo de situaciones nada agradables. Hace ya varios años que se deja muy en claro que el colegio no avala esta actividad, que es algo ajeno y los responsables son los padres. Pero no dejan de ser nuestros alumnos los que participan. Y si, nos preocupamos por ellos”, aseguró.

“El consumo de alcohol, los cantos agresivos hacia los colegios, y la guerra de mugre se ha naturalizado a tal punto que hasta se hacen acuerdos con la Municipalidad y la gente de Tránsito para vivir esta jornada de la mejor manera posible. No importa si se ensucian calles, veredas, autos ajenos, casas o locales comerciales, o si algún peatón que anda haciendo su vida normal en la calle liga un huevazo o es salpicado por los baldazos de comida en mal estado que tiran cuando se cruzan con otro tractor. Es un día en el cual los demás no tienen derechos, y si alguien se anima a protestar es calificado de amargado o dinosaurio”, expresó
“Pero como dije antes, son mis alumnos. Y sí, me preocupan, porque aún son menores de edad y muchas veces no son conscientes de las consecuencias que puede traer este tipo de diversión. A esa edad es normal querer descontrolar y tal vez no están tan claros los límites en donde empiezan y terminan los derechos propios y los de los demás”, definió. 

“Pero más me preocupan los adultos que tampoco parecen tener consciencia de lo peligroso que es ese nivel de agresión y descontrol, tanto para los chicos que participan como para el resto de las personas. Y me preocupa que se haya naturalizado la agresión como forma de diversión. Una de mis alumnas de primer año, con toda su inocencia, me preguntó si era obligatorio participar del tractorazo cuando llegara a sexto, ya que ella no quería hacerlo porque le daba miedo y también mucho asco. Solo le sonreí y le dije que faltaba mucho para eso y que tal vez las cosas podrían cambiar. Me hubiese encantado decirle que solo los que son mentalmente muy fuertes no siguen a la manada y que ojalá que siga pensando igual dentro de cinco años”, explicó.

Ser buenas personas

Por otra parte, la profesora Henry subrayó que “poner límites no es estar en contra de la juventud. Todo lo contrario, es un acto de amor. Es querer enseñarles a ser buenas personas, ciudadanos empáticos y responsables. Es cuidarlos de accidentes desagradables, como los que he presenciado a lo largo de estos años. Es también cuidarlos de meterse en problemas por situaciones que muchas veces se les van de las manos, como el haber lastimado, sin intención alguna, a una persona que no era parte del tractorazo. Yo sé que a la edad de ellos esto es difícil de entender. Son los adultos los que deben reflexionar, y mucho, sobre los límites sanos y como aplicarlos, olvidarse un poco de los amiguismos y el querer caer bien todo el tiempo. “Es más fácil ser bueno que justo” como dice mi mamá. Ojalá tanto padres como docentes y otras personas que trabajan en educación alguna vez lo entiendan”, finalizó la profesora Henry.

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