La ganadora de la poesía en castellano en Trevelin

En el reciente Eisteddfod de Trevelin, Noelia Sánchez Jenkins fue galardonada con el premio mayor en literatura en castellano, la corona a la mejor poesía inédita con tema y métrica libre, por su poema «Querencia». Presentado bajo el seudónimo «Vendaval», Sánchez Jenkins abordó el tema del hogar y los lugares que siempre se llevan en el corazón.

Es importante indicar que la Medalla de Plata «Asociación Galesa 16 de Octubre» fue para Pilar Gómez Banus y l Medalla de Bronce «Rotary Club» fue para Roma Addesso.

 
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Gratitud 

La autora expresó a través de las redes sociales su gratitud por esta nueva oportunidad de ser reconocida en un evento tan significativo como el Eisteddfod de Trevelin.

Sánchez Jenkins agradeció especialmente a Claudia Forquera, jurado de la competencia, “por su veredicto y por las cálidas palabras que acompañaron la entrega del premio”. También extendió su reconocimiento a la Comisión del Eisteddfod Trevelin, destacando “su papel como cuna de la cultura y facilitadora de este tipo de homenajes”. Además, la autora valoró la emotiva interpretación de la canción por parte de Caren Evans y agradeció a Iriel Jones por capturar el momento a través de la fotografía.

Por otra parte, la ganadora dedicó su premio a quienes fueron parte de la ceremonia y a los seres queridos que la acompañan en su vida, describiéndolos como “fundamentales y confidentes”.

La Poesía 

“Querencia”

Cuando la vida me lleva a otros lares es menester aferrarme al recuerdo para mermar mis pesares, allí comprendo el amor que te guardo no hay paisaje que se te asemeje, la nostalgia es como un dardo que penetra oxidado en la sien lastima todo a su paso, brota en mi mente su hiel…

¡Sé que he de volverte a ver! le pido a los calafates que alimenten ese cometido, pero si la dama de negro me abraza antes de haberlo cumplido que digan que estoy dormida y que me lleven contigo para una última despedida:

que los sauces besen mi frente que el viento acaricie mi piel y los arroyitos me lloren y den lumbre a este cuerpo porque mi sangre ya no va a poder.

Y las montañas… jay, esas montañas! centinelas de este amor desenfrenado serán guardianes de mi morada cuando las voces me nombren en pasado, y cuando veas tras ellas el sol naciente de la alborada será mi alma que se presenta para no ser olvidada.

Pero mientras tanto, acá sigo acunando la hazaña de ser digna de ti, pueblo mío.

 

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