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Gaiman

La historia de Marita la mascota de la Comisaría de Gaiman

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En este día tan especial, sobre todo para los amantes de los animales, queremos hacer protagonista de esta historia a una de las mascotas más queridas de una institución de la localidad .

Si hablamos de la Comisaría de Gaiman, podemos decir que muchos perritos han sido cobijados dentro del viejo edificio, resguardados de la lluvia o de una noche fría de invierno. Sin embargo, sin lugar a dudas, Mara, o Marita como la llaman cariñosamente algunos, llegó cuando tenía aproximadamente 4 años de vida para quedarse y convertirse en la mascota que muchos policías adoptaron como propia.

El dueño de Mara fue trasladado a la dependencia policial en el año 2017. Debido al trabajo de su cuidador, ella solía pasar mucho tiempo sola, deambulando por el patio del edificio.

De a poco comenzó a visitar la Comisaría de Gaiman ubicada en la esquina de Avenida Eugenio Tello y Sarmiento; algunos efectivos le daban de comer y le brindaban un mimo alentador que le hacía sentir que no estaba tan sola.

Pasó más de un año y su dueño fue trasladado a otro destino, pero Marita no se fue con él. Muchos pidieron que se quedara en el lugar. Y como suele decirse, “el perro es el que elige a sus dueños”. Fue así como Mara pasó a ser oficialmente la mascota de la Comisaría de Gaiman: la guardiana y fiel acompañante de los policías que salían de recorrida.

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Con el tiempo, el diferente tipo de alimento que recibía hizo que Mara se enfermara. Por orden de la veterinaria, la oficial Elena, una de las empleadas policiales, decidió juntar fondos para comprar siempre el mismo alimento de buena calidad.

Nos cuentan que Marita es muy obediente, compañera y limpia, por lo que duerme dentro de la dependencia policial. Es muy golosa y le encanta todo lo dulce. Siguiendo las tradiciones del pueblo galés, adora pasar por una reconocida casa de repostería para buscar los recortes que sobran de las tortas.

Su lugar preferido para dormir es el pasillo, junto al calefactor, donde le armaron su camita. No le gusta mucho que la peinen, pero cuando la llevan a bañar se porta muy bien, tranquila y colaboradora.


Es importante destacar que muchos efectivos y vecinos contribuyen para cubrir los gastos que requiere el cuidado de Mara: alimento, consultas veterinarias y peluquería, algo que a veces resulta difícil de sostener.

Han transcurrido los años y sus ojitos blancos denotan el paso del tiempo. A pesar de su andar más pausado y la ceguera avanzada que presenta, todavía se la puede ver caminando por las calles del pueblo, acompañando las recorridas como un vigía silencioso que cuida a sus compañeros durante la jornada laboral.

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Agradecemos a Elena y Bárbara por su aporte para esta nota.

 

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