Gaiman
Mariela Montero: “Kevin tiene derecho a tener un futuro”

El relato de una madre en Gaiman
“No soy exagerada ni conflictiva. Soy mamá de una persona con discapacidad que no puede valerse por sí misma y que depende de mí.”
Así resume su realidad una vecina de Gaiman, madre de Kevin, un joven de 27 años con discapacidad severa. Su testimonio refleja una problemática que atraviesa a muchas familias en Argentina: qué pasa con las personas con discapacidad cuando llegan a la adultez y el sistema deja de tener respuestas.
“Kevin no está preparado para una escuela de adultos. No sabe escribir su nombre, no puede hablar frases completas y tiene problemas físicos. Sin embargo, para el sistema parece que sí lo está, porque hay que cerrar etapas y trasladar responsabilidades” señala Mariela Carina Montero.
La madre explica que durante años luchó para que su hijo pudiera permanecer en un espacio donde se sintiera contenido. “Muchas veces su continuidad solo fue posible porque insistí, porque peleé y porque judicialicé. No porque existiera una alternativa real pensada para él.”
Cuando la inclusión se vuelve un trámite
“Hablan de inclusión, pero cuando incomodás o cuando la persona crece, dejás de encajar. Ahí la solución pasa a ser ‘sacarlo’ y mandarlo a otro lugar, aunque ese lugar no esté preparado” aseguró Mariela.
Según relata, las propuestas que suelen aparecer como alternativas no contemplan las capacidades reales ni el bienestar de las personas adultas con discapacidad. “Me ofrecieron actividades que no tienen sentido para su realidad. Kevin es feliz compartiendo, haciendo tareas simples, estando en grupo. Eso también es inclusión.”
El desgaste no es solo emocional. “Acompaño a mi hijo todos los días. Peleo por un espacio, por talleres, por algo que exista de verdad. En Gaiman no hay nada pensado para adultos con discapacidad. Hay gestos, hay fechas simbólicas, pero no hay continuidad.”
“No quiero que sea abogado, quiero que sea feliz”
Lejos de pedir imposibles, la madre es clara en su reclamo. “No quiero que mi hijo sea abogado ni presidente. Quiero que sea feliz, que disfrute lo que hace y que tenga un futuro digno cuando yo no esté.”
Para ella, el problema es estructural. “La discapacidad adulta es invisible. No hay planificación, no hay espacios reales y no hay empatía. Todo recae en las familias.”
Su pedido final no apunta a señalar personas ni instituciones, sino a abrir una discusión más profunda. “Kevin tiene los mismos derechos que cualquier persona. El sistema tiene que adaptarse a las personas, no al revés.”
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