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28 de Julio

Mujeres que llevan una vocación profunda por ayudar

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Cada 2 de junio, Argentina rinde homenaje a los bomberos voluntarios del país. La fecha conmemora la fundación del primer Cuerpo de Bomberos Voluntarios del país, creado el 2 de junio de 1884 en el barrio porteño de La Boca. Todo comenzó cuando un incendio de magnitud movilizó a un grupo de vecinos liderados por Tomás Liberti y su hijo, quienes organizaron una cadena humana para combatir el fuego. Aquel acto de solidaridad marcó el nacimiento del sistema de bomberos voluntarios en Argentina.

En este contexto, hoy compartimos a través de El Valle Online la historia de dos mujeres que encarnan ese espíritu de solidaridad con coraje y compromiso: Brenda Davies y Marisa Vejar, integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Dolavon, Chubut.

Ambas, Brenda y Marisa, comparten más que un uniforme; llevan en el cuerpo y en el alma una vocación profunda por ayudar. Forman parte de una institución que ha sido testigo de su crecimiento, sus desvelos y sus aprendizajes. En esta charla con ellas, se entrelazan recuerdos, emociones y un firme compromiso con la comunidad.

Brenda tiene 28 años y lleva 13 años como bombero. Ingresó al cuartel cuando apenas tenía 15 años. “Fue curiosidad lo que me hizo cruzar la puerta por primera vez”, recuerda. Marisa, en cambio, ingresó a los 28, en 2006. “Mi mamá vivía cerca del cuartel y eso me impulsó a dar el paso. De las ocho mujeres que ingresamos ese año, solo tres seguimos activas” afirma en diálogo con El Valle Online.

El primer uniforme fue más que ropa de trabajo. “Sentí mucho orgullo”, dice Brenda. Marisa lo describe como un momento clave: “Cuando te lo entregan, entendés que ya sos parte de algo más grande. Y eso se lleva con respeto y responsabilidad”.

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Desafíos que pesan, pero no frenan

Ambas coinciden en que los primeros desafíos fueron físicos y psicológicos. “Hay que atravesar un montón de cosas para llegar a certificar”, admite Brenda. Marisa suma: “Uno también se enfrenta con sus propios límites. Saber que hay cosas que podés hacer y otras que no, y aceptar eso, es parte del proceso”.

La primera salida, esa que no se olvida

“Fue un incendio de casa. Salimos en el móvil 10, que ya no está en la institución”, dice Brenda, con la memoria intacta. Marisa, por su parte, recuerda un día de viento fuerte, en una chacra de 28 de Julio. “Habíamos terminado de rendir para aspirantes y pensábamos que era una broma cuando gritaban ‘¡Salida!’. Pero era real, todos empezamos a salir, y ahí empezó nuestra adrenalina, ese fue mi primer paso, el primer incendio”.

El peso invisible: lo emocional

Brenda no duda: “Los accidentes con menores son los que más duelen. Acá tratamos de hablarlo entre nosotros, después de cada emergencia nos juntamos los que fuimos, y tratamos de hablarlo en ese momento y que quede acá, para no llevarlo a la familia”. Marisa asiente: “Es una mochila que cargamos los bomberos”.

Ser bombero cambia todo

“Desde la imagen hasta la forma de vivir, ya todo el pueblo te conoce como la bombera, el bombero, por eso tenemos que mantener una figura ante la sociedad”, dice Brenda. Marisa agrega: “El hecho ya de vestir la ropa es muy importante, porque no es solo vestir la ropa, es el hecho de estar capacitado para cualquier situación, porque si no estás capacitado y llega haber una emergencia grave y no estás preparado queda mal la institución”.

Capacitación constante y compromiso

Ambas resaltan el valor de formarse. Brenda destaca el Nivel 1: “Salir del cuartel y trabajar bajo presión con gente de otros lugares fue un gran logro”. Marisa, que ingresó ya adulta, cuenta que su formación fue constante y variada. “Hice cursos en Buenos Aires, en la cordillera… Pero también tenés que cumplirle al cuartel, para que te gestionen los cursos, que por ahí son sorteados, y otras veces son elegidos por los jefes, que son los que ven el esfuerzo que uno hace”.

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Las emergencias que desgastan

“Los incendios de pastizales son intensos y largos. A veces salimos a las 8 de la noche y volvemos a las 6 de la mañana”, relata Marisa. Y tras cada intervención, el trabajo no termina: “Hay que limpiar, dejar el móvil en condiciones, ahí se limpia manga, lanza todo lo que uno usa hasta nuestro equipo. Porque es una forma de mantener el orden y la limpieza”.

La fuerza del equipo

“Esto es una segunda casa, estoy muy conforme con el equipo de trabajo que hay acá”, dice Brenda. “Es un equipo que tenemos nuestras diferencias como pasa en todo lugar cuando hay mucha gente. Pero cuando se labura no importa si vos te enojaste con alguien se labura a la par, estoy conforme con el equipo que tenemos” reafirma Marisa.

El apoyo de la familia, clave silenciosa

“Veo a mis hijos, les digo que vengo al cuartel, ellos quedan en la casa tranquilos, no hacen ningún escándalo, quedan contentos. Después cuando llego, me preguntan todo”, dice Brenda. Marisa se emociona al recordar a sus hijos “Lucila y Agutín fueron los primeros en acompañarme. A veces, tocaba la sirena y yo no venía, para no dejarlos solos decían: ¿Por qué no vas? Estás sonando en la sirena. Siempre están acompañando. Y ahora con la más pequeña sufre porque son horas que dejas a tu hijo. La familia te acompaña un montón. Mi hija Lucia me dice que está orgullosa de lo que elegí. Sin ese apoyo, no podría estar al cien por ciento”.

PAES y el cuidado emocional

Brenda y Marisa coinciden en la importancia del PAES (Primeros Auxilios Emocionales). “Aprendés a contener a las víctimas y a sus familias. Es clave en momentos críticos”, explican.

¿Qué lleva un bombero?

“Linterna, pinza, maletín de primeros auxilios, cordines. Para incendio de casa, tenemos lo que es la estructural, que es la chaqueta, el pantalón, cascos, guantes, la capucha ignífuga y bueno siempre usamos el equipo de respiración autónoma. Para los pastizales usamos un equipo forestal, pantalón y chaqueta; también acompañado por guantes, casco y capucha. Y para los rescates que ya sea accidente o cualquier otro tipo de intervención, usamos un mameluco, con zapatos de seguridad y casco, guantes de látex y guantes estructurales y antiparras.”, enumera Brenda. Cada tipo de intervención requiere un equipo distinto, pero la preparación y la responsabilidad son comunes a todas.

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Un mensaje a quienes sueñan con ser bomberos

“Que se animen. Pero ante todo, para ser un buen profesional hay que ser buena persona”, sostiene Brenda en diálogo con El Valle Online. Por su parte, Marisa apunta: “No hay impedimentos. Lo más difícil es llegar al cuartel por miedo o vergüenza. Si le gusta y tiene el espíritu de ayudar a otras personas, se tiene que animar a entrar.”

Ser parte de Bomberos de Dolavon

“Es un orgullo inmenso”, dicen ambas. Marisa, siente que logró cosas que nunca imaginó. “Cada meta que alcancé fue gracias a este camino que elegí “.

Son mujeres que enfrentan el fuego, la tragedia y la incertidumbre con la misma fuerza con la que crían a sus hijos o limpian un equipo tras una larga noche. Mujeres que, como las abejas de una colmena bien organizada, trabajan en red, construyendo comunidad. Y que, sin buscar protagonismo, se han ganado el respeto de todo un pueblo.

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