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María del campo El Bañado de Roberts

Eva María Lillo es una mujer “agradecida” de la vida. Nació en Chacay Oeste en 1937 y desde los 14 años vive en la meseta. El Valle Online tuvo la oportunidad de conocerla en este “maravilloso” lugar de Chubut.

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Eva María Lillo es una mujer “agradecida” de la vida. Nació en Chacay Oeste el 18 de febrero de 1937 y desde los 14 años vive en El Bañado.

El Valle Online tuvo la oportunidad de conocerla en este “maravilloso” lugar de la meseta de Chubut, que nos cuente su historia de amor con “Taid” y las tareas de campo que aún hoy comparte junto a sus cinco hijos.

El padre de María falleció cuando ella tenía 3 años. Fue a causa de una epidemia en la meseta. La difteria de los años 40. Hipólito Campos había ido al velorio de un niño. Esta enfermedad infecciosa se transmite por aire. Al día siguiente inició con dolor de garganta, fiebre y vomitos. Las personas no superaban las 48 horas. Era mortal. Tenía 33 años.

Junto a su madre Eudosia y sus seis hermanos siguieron viviendo en Chacay Oeste. Juana, Ramona, Isira, Josefa, Paula y un solo hermano que siendo muy chico se fue a la zona de Comodoro Rivadavia y perdieron contacto. Demetrio hoy tiene 90 años.

Luego decidieron abandonar el campo y se fueron a Dolavon para avanzar con la escolaridad. Maria tenía 10 años. Estuvo un tiempo en la casa de la familia Rees y estudiaba en la Escuela 64 de Loma Grande. También vivió en la casa de una tía. Fue tres años a la primaria. Todos los días caminaba varios kilómetros para asistir a clases. Era compañera de Edgar Rees fundador de Clínica Del Valle.

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Hasta que un día su madre ocupó un “campito” por la zona de El Ñandú (sitio conocido como la Tapera de Artal). En ese lugar había unas piezas abandonadas. La acompañaban algunos animales. María y su hermana Paula se fueron a vivir con ella.

Ahí conocieron a John Evan Roberts de El Bañado. Era hijo de Don Isaac Roberts y Margarita Jones de la zona rural de Treorcky. El joven empezó a llevar sus animales al campo porque había un pozo con agua. María tenía 14 años. Él 28.

Un día Don Roberts decidió pedirle a Eudosia, la mano de su hija. Aunque no contrajeron matrimonio por iglesia, de todos modos decidieron mudarse a El Bañado y formar una familia.

El lugar se ubica al oeste de Dolavon y a unos 60km de Bajada del Diablo. El nombre es por el pasto característico que nace en primavera. En invierno esas tierras quedan anegadas y en gran parte cubiertas de agua por varios meses.

El padre Don Isaac había muerto unos años antes corriendo vacas. Ese día había venido al campo a carnear. Sacó el lazo, que llevaba en el recado, y al enlazar un ternero rodó el caballo y se desnucó.

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Luego de unos años Don Roberts junto a su nueva familia decidió comprar las tierras a sus hermanas. Al pasar unos años recibieron los títulos de propiedad de las 12 leguas.

Hasta que llegaron los hijos. Nelly nació en la maternidad de Trelew. María tenía un poco de miedo por ser primeriza. Era el 5 de enero de 1953. Martha nació en el campo el 8 de diciembre de 1955. Ese día le hizo compañía la tía Josefa. Luego vino Humberto. Lo tuvo en la chacra de Rees el 30 de julio de 1957. Nelson nació en Instituto Médico del Sur el 19 de marzo de 1962. Ricardo el 9 de abril de 1959.

La vida en el campo no es simple. En los tiempos de alambrados todos los integrantes de la familia iban en camión y para resguardarse utilizaban una lona. La legua más difícil siempre fue “el cuadro angosto”. También hubo una época en que murieron miles de ovejas. Fue el año seco de 1962. No había pasto ni agua. Alambraban y cuereaban para aprovechar los animales.

En una oportunidad la joven madre se había quedado sin leche en los pechos. Era pleno invierno. Nelson tenía cuatro meses. “Para alambrar es indispensable que haya dos personas. Una en cada punta. Nelly era la más grande y me ayudaba con sus hermanos más pequeños” agradeció María a su hija.

La última inundación fue el 8 de abril de 2017. El Río Chico, que estaba seco desde hace más de un siglo, se inundó por las lluvias y se transformó en un afluente. Más de 240 mil habitantes del Valle Inferior estuvieron semanas sin agua potable por la turbiedad del Río Chubut. “Nunca se había visto algo así” resaltó la pobladora de la meseta.

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Todos los días

María es muy feliz en El Bañado. Todos los días prepara la leña para calentar la casa. En verano pone la cortina gruesa por el sol. No hay ventilador para refrescar los ambientes. Además, por momentos le gusta tejer. En su bolso llegó a tener 21 chalecos para sus nietos. Alado del fogón la acompaña un cuadro de Don Roberts “Taid” en su caballo. A la media noche el generador se apaga, y se corta la luz.

“Nunca tuve miedo. Soy una agradecida de la vida. Tengo hijos y quedé conforme de haberlo cuidado a “Taid” hasta lo último, y de haberle brindado todo el cariño que él necesitaba. Hasta terminé vistiéndolo. Esa parte me costó mucho. Le puse su reloj que tanto adoraba. Era hermoso. Tenía como 40 años. Le di un besito al reloj y se lo puse” recordó. Eso sucedió el 16 de octubre de 2014.

Pero, además, Don Roberts tenía un anhelo. Era descasar en su campo. Había elegido el lugar hace 20 años. María relató que “tenía miedo de que lo dejemos en Trelew. Así que cumplimos. Buscamos una lomita que es hermosa y ahí está. Además había pedido que lo cubran con una chapa verde. No quería una casita. Así está hoy”.

El día del velorio El Bañado se llenó de gente. El “Taid” era socio de la Sociedad Rural Del Valle del Chubut. Todos los años donaba la ternera para el almuerzo. Era sagrado. Lo hizo durante más de 30 años. También le donaba corderos a la Comisaría de Dolavon. El 7 de diciembre por el Día de la Policía.

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Encuentro

María está sentada alado del fogón. Mira por la ventana. Afuera hay un mástil con la bandera argentina. Unos perros cuzcos “viejitos” reposan al sol y los gatos a lo lejos toman la sangre de un guanaco recién carneado. “El paisaje con un arroyo y las vacas es mejor que en cualquier chacra” destaca a El Valle Online. 

Hoy la pobladora de la meseta tiene 83 años. Pero es como si no hubiera perdido la juventud. Aun comparte las tareas junto a sus cinco hijos. La familia se organiza para cuidar a los animales y mantener el campo. También brindan su ayuda algunos nietos, y hay uno de los biznietos que ya anda a caballo. Pero nunca falta la ocasión en la que todos se encuentran en las tierras donde descansa “Taid”. En primavera entre los verdes pastos. En invierno entre el seco monte. El amor está intacto. Ese día no falta en El Bañado “un buen” chivito.

 

Por Blanca Juliana Mangini.

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3 Comments

3 Comments

  1. antonio Palermo

    1 julio, 2020 at 14:18

    ¡Muy buen relato…! Creo que mi madrastra ( Albina Lillo) era pariente de ella, porque en el año 70 solíamos ir a ver a una tía de ella que vivía en Dolavon.( Recuerdo que en un pasillos a la entrada de la casita tenia un ataud guardado y se dedicaba a confeccionar a crochet el ajuar que en futuro adornaría su féretro

  2. Elena González

    30 junio, 2020 at 20:47

    Hermosa y valiente mujer, María…mujer que cuando mira, acaricia con la dulzura de su mirada…

  3. Virginia Hughes

    30 junio, 2020 at 20:41

    Felicito por la iniciativa de hacer y compartir esta nota.

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