Marcelina Larreburu de Oroquieta
Por Silvia Zamarreño de 28 de Julio
Según la memoria oral familiar, doña Marcelina nació en el pequeño pueblo pirineo-francés de San Juan de Luz (en francés, Saint Jean de Luz; en euskera, Donibane Lohizune) y llegó a Tir Halen a principios del siglo XX. Se dedicó a su familia y también a su comunidad. Había adquirido en su país natal conocimientos de enfermería que le permitían muchas veces socorrer a sus vecinos ante eventualidades propias de las tareas rurales y también colaborar en los nacimientos que por aquel entonces se sucedían en la zona.
Casada con Juan Oroquieta[1], su vida en Tir Halen tuvo una trascendencia significativa porque fue la gestora de la primera escuela de la margen sur del Río Chubut.

De espíritu inquieto e incansable, Marcelina advirtió rápidamente, a través de un pequeño censo que ella misma realizó, que había en la zona varias familias con niños en edad escolar y que no había escuela a la que pudieran asistir para educarse.
Es así como decide construir un salón para albergar a esa primera escuela que, gracias a su gestión, se transformó luego en la Escuela N° 48. Para ello destinó una parcela de la chacra N° 363-D (el conocido Triángulo por el vecindario) y erigió allí “…un amplio salón para la dirección, un depósito, un dormitorio y cocina para el docente y baños para niños y niñas. Estaba construido con mampostería sin revocar, con base de piedra y techos de chapa de cinc, similar a todas las construcciones de la zona. Años más tarde se anexó una vivienda para los docentes.
El Dr. García Barros (abogado), logró que el inspector Ochoa designe un docente, resultando electo el señor Alfredo Suárez Verdier.” [2]
El sueño de Dña. Marcelina se transformó en realidad el 23 de agosto de 1921 y se inauguró oficialmente el 02 de marzo de 1922. Las clases iniciaron el 17 de marzo del mismo año y durante un tiempo no hubo contrato de alquiler del espacio: el impulso y el deseo de ver a todos los niños de Tir Halen escolarizados invadía su corazón e iluminaba su esperanza. Recién al año siguiente, 1923, se firmó un contrato según los requerimientos que imponía la formalidad del caso.

Hasta 1970 (durante 48 años) la escuela funcionó en el viejo edificio mandado a construir por Doña Marcelina.
Esta colona vasca fue una gran visionaria y una férrea defensora de la educación como camino privilegiado para lograr la superación personal y social. De espíritu inquieto y firmes convicciones, dejó un invalorable legado a la comunidad que la recibió y cobijó hasta sus últimos días.
Una historia de vida que vale la pena recordar.

Agradecimientos. Colaboraron en la reconstrucción de esta biografía:
Elsa Electra Oroquieta – Olga Ofelia Agüero – Cora C. Rampoldi – Dorella Gianni – Mirta Brunt de Agüero (f)
Fotografías: Museo tecnológico de 28 e Julio (At. Marisa Batalla) y La Escuela 48 (Lidia Delia Caruso).
[1] Con respecto al apellido de Doña Marcelina existen algunas dudas: datos recuperados de la tradición oral familiar señalan que el apellido correcto es Larreburo, mientras que en fuentes bibliográficas y documentales se lo cita como Larraburu. En esta producción adoptamos la denominación proporcionada por los familiares.
Marcelina y Juan tuvieron doce hijos: Pedro (Perico), Juan (Juancho), Marcelina, Juanita, Guizona, Bautista (Bachicha), Isabel Simona (Pichita), Francisco (Acho), Miguel, Clementina (Belcha), Elena y Esteban Vicente.
[2] Barzini, Jorge L. y Jones, Owen T. 28 de Julio. Su vida e historia, Trelew, El Regional, 2011. Pág. 85.






