Sociales
Leonardo Liempe: “Espero ser una motivación para quienes se limitan en la vida”
Leonardo Fabián Liempe nació en 1982, y tuvo una infancia “muy dura” en el Barrio Progreso de Trelew. De familia de trabajadores. Su padre fue albañil y su madre mucama en un hotel.
“Mi vida cambió a los 12 años cuando un día jugando a la pelota de arquero atrás de mi casa, con unos amigos, estiré el brazo izquierdo y me dolió, así que le dije a mi vieja <mami me duele el brazo> y me llevaron al médico y en una semana me derivaron a Buenos Aires. Estaba feliz porque iba a conocer allá” dice hoy con 41 años.
El viaje de la familia Liempe duró un día para llegar al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Hicieron una junta médica y lo sometieron a seis sesiones de quimioterapia para salvar su brazo. El diagnóstico de Leonardo fue oseosarcoma, un tumor maligno que afectó el húmero.
Luego de esas sesiones fue sometido a una operación de amputación de su brazo izquierdo. “Fue el día más triste de mi vida” recordó, “lloré un montón. Pensaba que nunca mas iba a poder hacer nada, ya no iba a poder trabajar, en mi mente el deporte no estaba, aunque sólo jugaba al fútbol en el barrio”.
“Estábamos en Buenos Aires solos con mi viejo y el resto de mi familia estaba en Trelew. Mi papà me decía <vamos hay que seguir adelante, la vida sigue”.
Así pasaron 7 meses en Capital Federal, y después llegaron los viajes para controles médicos. “Para controlar que el cáncer no se le desparrame por el cuerpo”, afirmó Leonardo sobre una duración de 5 años años hasta que le dieron el alta médica.
Ya adolescente su vida prosiguió. La secundaria, novias, y empezó a salir a bailar. Mientras que tenía 19 años cuando comenzó a trabajar con su hermano de pintor, profesión que sigue realizando hasta el día de hoy.
Ya de grande entre los 25 y 28 años, pudo tomar consciencia de lo que le había pasado. Afirmó que “Empecé a sentir vergüenza, a tomar alcohol, a fumar, a salir al boliche. En mi soledad me sentía triste porque me sentía menos, sentía que la gente me miraba. En verano andaba con remeras mangas largas, pullover para no mostrar que me faltaba un brazo. Si me miraban me sentía mal, me sentía incomodo”.
Fue así que el vecino de Trelew pasó por una depresión que sólo pudo superar conociendo al Señor y aceptándolo en su corazón, “…y cambio mi vida (dice), oraba y le pedía que me quitara ese vacío que llevaba en mi, y Dios me empezó a ayudar, a guiar en sus caminos y al poco tiempo me metieron en el coro de la iglesia y me empecé a sentir bien espiritualmente y emocionalmente”.
Luego el profesional de un centro de rehabilitación fue el que le propuso hacer deportes, después de un chequeo médico por su estado físico. “Nunca me había metido al agua porque le tenía miedo al agua, al mar” sostuvo sobre su inicio en la natación cuando tenia 29 años, y al reconocer que su auto percepción lo limitó en muchos aspectos de su vida.
Después de aprender en una pileta emprendió el desafió personal de meterse al mar de Puerto Madryn. Así empezó a perderle el miedo al agua, y esto lo motivó a hacer otros deportes como el ciclismo, a recorrer cada vez más kilómetros. “Me animé a ir a Gaiman, Dolavon, Playa Unión y a usar remeras mangas cortas. La gente me miraba en la ruta, algunos me tocaban bocina, otros paraban y sacaban foto, pero esta vez lo vivía como un triunfo. Me sentía bien, yo siempre le pedía a Dios que me saque esa vergüenza” afirmó.
También empezó a conocer gente del deporte que lo alentó aún más. “Me empecé a animar, empecé a correr, hasta que mi profesor del gimnasio me animó a correr un triatlón” resaltó Leonardo sobre el importante apoyo motivacional de Santiago Lucero quien le dijo <si vos corrés, nadás, y hacés bici, tenés que animarte>.
Fue con mucho miedo por el “que dirán” que el deportista especial disputó su primer triatlón por posta. Y de ahí nunca más paró sintiéndose hoy orgulloso de ser la primera persona con su condición que ha hecho triatlón en la zona. Además toca la trompeta en la iglesia, una que el mismo compró y para lograrlo asistió a clases de música.“Dios es muy grande, lo que hizo con mi vida fue tremendo. La fuerza que me da cada día para seguir adelante. Nada es imposible para Èl, mi fortaleza es de Dios” resaltó.
Finalmente Leonardo hizo hincapié en la importancia de difundir los ejemplos de vida siendo una manera de ayudar a cualquier persona que esté pasando por alguna situación difícil. “Espero que mi historia sirva de motivación para jóvenes y no tan jóvenes que muchas veces se limitan, en lo deportivo y en todas áreas de su vida”, sostuvo y agradeció a cada persona que ha conocido y lo alienta a seguir, y a las que conocerá.





Marisol
25 abril, 2023 at 21:08
Muy emotiva la historia, gracias por compartirla! Con Dios no hay límites!