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La Serenísima dejó de pertenecer a la familia argentina Mastellone

La La Serenísima cambió de manos tras la venta del 51,32% restante de las acciones a Bagley Argentina, sociedad integrada por Arcor y Danone, en una operación cerrada entre el 24 y el 25 de marzo de 2026 que deja a la empresa sin participación de la familia Mastellone por primera vez en casi un siglo.
La historia que inició con Antonino Mastellone, que en el año 1925, y con apenas 26 años, decidió emigrar a la Argentina, simboliza el espíritu de aquellos inmigrantes que construyeron una Argentina pujante a base de esfuerzo y fe en el futuro.
El fin de una empresa familiar
Con esta operación, se cierra definitivamente una etapa iniciada en 1929, cuando Antonino Mastellone, oriundo del municipio napolitano de Piano di Sorrento, fundó la compañía que con el tiempo se transformó en uno de los símbolos más fuertes de la industria láctea argentina.

Antonino Mastellone en el año 1925 decidió emigrar a la Argentina.
El nombre La Serenísima tenía una historia curiosa: durante la Primera Guerra Mundial, una escuadra aérea italiana llamada “La Serenissima” sobrevoló Viena, pero en lugar de lanzar bombas, arrojó panfletos con un mensaje de paz. Aquella historia conmovió a Antonino, que decidió honrarla en su emprendimiento. Su empresa, como esa escuadra, quería dejar una huella distinta: construir sin destruir.
Durante décadas, la marca estuvo asociada a una estructura familiar. Sin embargo el destino no quiso que su fundador viera toda la magnitud de su creación. Murió en 1952, pero dejó a su hijo Pascual Mastellone, de apenas 21 años, al frente de la empresa. Sin embargo ese esquema ya no existe: la compañía pasa a estar completamente bajo control de un joint venture entre Arcor, de capital argentino, y Danone, de origen francés.
Un proceso que venía desde 2015
El cambio no fue repentino. En 2014, Pascual Mastellone había firmado un acuerdo que le daba a Arcor la posibilidad de avanzar en la compra progresiva de la empresa.
Ese proceso llegó ahora a su etapa final, luego de una negociación que se extendió durante meses por diferencias en la valuación de la compañía.
Qué significa para los consumidores
En un país donde todavía era común hervir la leche en casa, Pascual introdujo leche pasteurizada en 1960, marcando un hito sanitario y tecnológico.
Pero no se detuvo ahí. En 1968, impulsó otra revolución: reemplazó la tradicional botella de vidrio por el sachet plástico, una innovación práctica, económica y segura que cambió para siempre la forma en que los argentinos consumían leche. Poco después, inauguró una planta de leche en polvo y comenzó la producción de manteca propia.
Hoy la Serenísima procesa más de 3,5 millones de litros de leche por día y tiene una presencia masiva en todo el país.
En el Valle, sus productos forman parte de la oferta habitual en supermercados y comercios de cercanía, desde leche hasta yogures y quesos.

Por ahora, no se anunciaron cambios en la producción ni en la comercialización, aunque este tipo de movimientos suele generar interrogantes entre los consumidores sobre precios, calidad y estrategias futuras.
Una marca que atraviesa generaciones
El cambio marca algo más que una operación empresarial. Para muchas familias, La Serenísima está presente desde hace décadas en la mesa cotidiana. Un emblema que trascendió marcas y productos para convertirse en parte de nuestra identidad.
El propio Pascual, que dirigió la empresa por más de 60 años, solía decir que la clave del éxito no estaba en los números, sino en la gente: los tamberos, los trabajadores, los ingenieros, los camioneros. Aquellos que, día a día, transformaban la leche en un símbolo de confianza.
La salida definitiva de la familia Mastellone cierra ese vínculo histórico y abre una nueva etapa, ahora bajo conducción corporativa.
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