Dolavon
La familia Aparicio agradece la solidaridad y el cariño tras la muerte de Lucas
Roberto y Alejandra, en una emotiva entrevista para El Valle Online, reviven los recuerdos tras la pérdida de su único hijo y por otro, se emocionan al recordar las muestras de solidaridad y el cariño.
El 15 de septiembre, la familia Aparicio, cambió para siempre. Lucas sufrió un grave accidente en el taller familiar de Bethesda y nueve días después falleció en el Instituto del Quemado en Buenos Aires.
Roberto y Alejandra, en una emotiva entrevista para El Valle Online, reviven los recuerdos tras la pérdida de su único hijo y por otro, se emocionan al recordar las muestras de solidaridad y el cariño de miles de personas.
Lucas nació en el año 2004. Fue luego de siete años de amor entre Roberto y Alejandra. Era único hijo. Desde pequeño su papá lo llevaba al Jardín de Infantes 432 “Vuelta del Rio”, y luego lo retiraba para pasar el día en el taller familiar que tienen en Bethesda. Lo inauguró su abuelo paterno Carlos en la década del 70.
“Nos acostumbramos a ser tres” afirma Alejandra porque luego del nacimiento de Lucas, “empezó a pasar el tiempo, y retomamos la rutina, y después ninguno tenía interés en volver a tener otro hijo”. También le preguntaron a él, “y tampoco quería saber nada porque era re papero”. Aun así, “Al día de hoy, él decía que le hubiera gustado tener un hermano, para compartir”.
Pasiones
Lucas tenía 8 años cuando empezó a jugar al rugby. “Era gordito, tenía sobrepeso, pero amaba el deporte” resalta Alejandra. Entrenaba en Draig Goch Rugby Club. También hizo handball, voley y natación. Pero el año pasado en el colegio secundario William C. Morris anduvo “medio flojo”, y el padre le había sacado parte del entrenamiento.
“A veces lo teníamos que frenar porque en algún momento tenía que estudiar. No quería saber nada. Pero le dijimos que la secundaria la tenía que finalizar” reconoce la madre.
El año pasado Roberto compró un auto de safari 850 y se lo iba a armar para el año próximo. Lucas estaba ilusionado. Un “tiempito” antes había publicado en las redes sociales que estaba “contento” porque iba a poder correr y era su sueño.
Es que el joven decía que quería estudiar algo relacionado a la mecánica o “cosas” de motos. “El padre le decía que si quería seguir en el taller, que siga, pero que trate de estudiar. Porque él solo había terminado la primaria, y le inculcaba que sea mecánico pero con estudio” afirmó Alejandra.
Tanto le gustaban los fierros que inventó una Motobici. Tenía motos viejas, bicicletas y hacía “rejuntes”. El prototipo realizado íntegramente en el taller Aparicio tiene hasta soporte para el celular y unos parlantes para pasar música.
Un día se presentó Roberto Omar “Ochoa” de Trelew. La hija arregla su auto en el taller, esa tarde la había ido a llevar, y al verlo al joven en la motobici, le hizo una entrevista para el programa <Gente de Mi Pueblo>. “Estaba como loco de la felicidad” recordó la madre.
Accidente
Hacía pocos meses que Roberto y Alejandra le habían empezado a dar “un poco” de libertad a su hijo. Las últimas semanas había ido en moto hasta el taller en Bethesda. Aun así, “el papá siempre lo acompañaba en el auto” afirmó Alejandra.
Pero el 15 de septiembre, la familia Aparicio, cambió para siempre. Lucas, como todos los días, estaba en el taller, trabajaba en otro prototipo de la motobici, y sufrió un accidente mientras manipulaba el combustible.
Alejandra estaba en su trabajo, y recibió el llamado de Roberto porque se iban de urgencia al hospital rural de Dolavon. “Mi hijo entró caminando. No estaba mal. Lo atendieron genial. Pero por las quemaduras nos dijeron que debían derivarlo a Trelew” relató la madre y aseguró que “Él se pasó de una camilla a la otra camilla, y lo subimos a la ambulancia”.
En Trelew lo ingresaron al sector de urgencias. El primer informe indicaba 60% de quemaduras. “Lo prepararon, y nos dijeron que tenían que ponerlo en coma inducido para poder limpiarlo. Entonces entramos y hablamos con él. Decía que no le dolía nada. Y después, cuando lo indujeron, no pudimos hablar más con él. Ya no despertó” se lamentó.
Buenos Aires
A Lucas lo trasladaron de urgencia a un centro de alta complejidad en Buenos Aires. En el avión sanitario, sólo podían viajar el paciente y un acompañante. Estuvo a su lado la mamá. Mientras tanto el padre se subía en un camión de FrioSur. Fue una “gauchada” de la empresa.
En el Instituto del Quemado los médicos le comunicaron a la familia Aparicio que su hijo debía superar las 72 horas. La quemadura correspondía al 42%. De la cintura hacia arriba.
Al día siguiente solo a un familiar le permitieron ingresar a la terapia intensiva. Era viernes. El joven seguía en coma. “Yo le hablé, lo toqué y le conté todo lo que la gente estaba haciendo para esperarlo” recordó Alejandra. La segunda visita programada era al viernes siguiente.
Lucas tenía 16 años, medía 1.85 metros y pesaba 130 kilos. Aunque debía estar en pediatría, lo ingresaron al sector de adultos. “Los partes médicos eran re fríos” se lamentó la madre sobre la llamada por teléfono que debían realizar todos los días porque “no te permitían ir”.
Pero “gracias a Dios” apareció el doctor Jorge Cabañas. Fue a través del Rótary Gaiman. “Quizás nos decía lo mismo que los otros médicos pero nos hablaba completamente distinto. Es lo único que rescatamos de todo lo que nos pasó en el lugar” resaltó la madre y agradeció que “Hasta el día de hoy el señor nos llama para saber cómo estamos”.
En la segunda visita programada iba a ingresar Roberto. El parte de esa semana indicaba una infección y le habían dado una medicación. “Nos habían dicho que mejoró, la presión se mantenía y nos agarramos de eso” reconoció. Pero el jueves a las 6.30 horas alguien llamó por teléfono al departamento de la familia Aparicio. Debían presentarse personalmente en el Instituto del Quemado.
Alejandra relató que “Ese día estaba mi hermana que vive en La Plata, nos hicieron subir al primer piso, ingresamos a una habitación y cerraron la puerta. Luego vino una asistente, y el doctor empezó a hablar y nos dice que mi hijo se descompensó, que lo tuvieron que medicar y le dió un paro y falleció”.
“Te juro que pensamos que nos iban a decir otra cosa, que se había complicado, o tenía una mejoría, pero jamás pensamos en eso, porque era un chico sano. Hoy había estado con nosotros y al otro día fue un cachetazo para todos. Fue de golpe” resaltó.
Solidaridad
Mientras la familia Aparicio atravesaba la difícil situación en Buenos Aires, una convocatoria solidaria que iniciaba en el Valle Inferior se replicaba en distintos puntos del país. Hasta los ministros de Salud, doctores y miles de personas que no conocían, los llamaban para ofrecer su ayuda. Leer mas ➡️
La mamá de Lucas señaló que “En ningún momento salimos a pedir plata, porque realmente no se nos cruzó, pero si esos días nos sostuvimos en Buenos Aires, fue por la gente”. A través del dinero de las donaciones pudieron solventar el departamento, una ambulancia, el cajón y un taxi hasta el sur. “Porque la Casa del Chubut al final no ayudó en nada” aseveró.
Aun así agradeció que “Había grupos de chicos buscando donaciones y haciendo sorteos con muchísima cantidad de premios. La misma gente que donaba también compraba los números. El municipio también nos ayudó. Realmente colapsaron la cuenta del banco”. Leer más ➡️
“Además es sorprendente, aún en la situación económica que es mala para todo el mundo, la gente que donó y qué quizás no tenía. Pensarán que un poquito no es nada, pero para nosotros fue muchísimo” resaltó. Leer más➡️
Alejandra también destacó la presencia de las personas que mandaban mensajes. “Me ponían que estaban orando por él, las que nos escribieron y que no la conocíamos, es impresionante lo que se generó en las redes sociales”.
“Además hay unos chicos que dibujaron un mural en Dolavon. En unos días van a venir a pintar la casa con la imagen de Lucas. También van a hacer una camiseta con el número que él usaba. El 20. Para ellos, y la gente que quiera” resaltó. Leer más➡️
Por otra parte se refirió al equipo de Handball. “Mi hijo iba a entrenar, pero no jugaban seguido, y no conocimos mucho a sus compañeros. En el cementerio pusieron pancartas, banderas y también me mandaron videos y fotos. Esto los afectó. Dicen que Lucas era el pilar del grupo. Porque tenía la contención familiar, el cariño y el amor. Algo que muchos chicos no tienen en su casa. Entonces se acercaron y nos pidieron que le demos lo que le dábamos a él. Para no sentirnos solos” agradeció.
Despedida
Ese domingo 29 de septiembre una multitud estuvo presente de diversas maneras para darle el último adiós a Lucas. Fue extraordinaria la despedida desde la salida de Trelew hasta Dolavon.
Alejandra agradeció que “Ese día nos acompañó el Club de Chevrolet que él amaba, un corredor de un safari amarillo que iba atrás de él, los chicos de rugby esperándolo en la entrada de Gaiman. La gente que no pudo venir de Puerto Madryn”.
“Era por lo que era él. Era un gordo mimoso, cariñoso, demostrativo con todo el mundo, era entrador” destacó la mamá de Lucas, y añadió que “Definitivamente sacó los genes nuestros y los duplicó” (risas).
Hoy se cumplen dos meses del hecho que cambió para siempre la vida de la familia Aparicio. Hace pocos días que Roberto volvió al taller, y Alejandra está imprimiendo un “montón” de fotos que descubrió a través de las redes sociales. “Hasta el día de hoy nadie puede entender por qué pasó. Ni nosotros. Todavía no entramos a su pieza. Porque pasó de golpe” se lamentó, y añadió: “Todo es cuestión de tiempo. Aceptar. Entenderlo. Nos sostenemos mucho con mi marido”.
“Encima con la pandemia se complicó todo. No querían que la gente tuviera contacto con nosotros. No querían que entre la gente al cementerio. Pero mi marido le dijo a la policía por favor que permita pasar, porque todos tenían derecho a despedirse la última vez”.
“Además era tanta la gente que nos ayudó, que, como mínimo, ese día tenía que tener las puertas del cementerio abiertas y las de mi casa toda la vida. Porque nunca me van a alcanzar las palabras para agradecer tanto, y a tanta gente”.




