Hace 25 años se estrenaba Caballos Salvajes

La película Caballos Salvajes irrumpió en el cine nacional en 1995. Desde esa fecha pasaron 25 años del rodaje que se filmó en la Patagonia y que superó el millón de espectadores en todo el mundo.
La producción que fue elegida ese año para inaugurar el Festival de Venecia presenta distintos escenarios naturales de Gaiman, Trelew, Puerto Madryn, Esquel y también en Península Valdés.

Héctor Alterio y Leonardo Sbaraglia protagonizaban entonces la película con la que el director Marcelo Piñeyro cuestionaba el credo de una época.
Cuando Marcelo Piñeyro le propuso a Leonardo Sbaraglia ocupar uno de los papeles principales, el actor ya experimentaba el reconocimiento del público por sus trabajos en teatro, cine (La noche de los lápices) y televisión (Clave de Sol, Atreverse, Amores) pero aún tenía 24 años y este era un paso mayor, un «sueño».
A la historia se sumaban Cecilia Dopazo, en la piel de Ana, el tercer personaje fundamental de la historia; Fernán Mirás, un periodista que aporta luz a la trama y figuras como Luppi o Lincovsky, con participaciones secundarias.
Algo más de diez semanas de rodaje, seis de ellas en el sur, se destinaron a la filmación de la película. Las grabaciones comenzaron a finales de 1994 -con una interrupción en navidad- en la Patagonia para luego dar paso a las tomas en Buenos Aires.

El equipo requirió de un despliegue de no menos de doce vehículos, entre autos, combis, micros y motorhomes. La producción había realizado varios viajes previos al sur para dar con las locaciones, aunque algunas escenas fueron improvisadas en escenarios naturales que el propio camino les fue revelando.
“Tomamos la Ruta 3 hasta Bahía Blanca, en donde se filmó en las localidades cercanas, siguiendo la costa hasta Puerto Madryn, Trelew (ahí paramos unos cuantos días y filmamos por Península Valdés, Gaiman y por la zona), y después para adentro hasta Esquel y la vuelta por la Cordillera y Mendoza. Dormíamos en hoteles, viajábamos y rodábamos», contó el director Marcelo Piñeyro.

La película Caballos Salvajes superó el millón de espectadores y se estrenó en casi todo el mundo. Se vendió a distintos países y tuvo presencia en múltiples festivales, resultando elegida ese año para inaugurar el Festival de Venecia, donde fue proyectada en una plaza en Lido y ovacionada por el público en una noche que a Piñeyro le quedó «tatuada en el alma». Con producción de este último y Claudio Pustelnik, fue de las primeras películas realizadas con sonido Dolby 0.1 y la posproducción se hizo en Londres.

Una de las escenas más memorable de la película fue en la costa cerca de Puerto Madryn cuando Héctor Alterio abre los brazos con un vals de Strauss y grita: «La puta, ¡qué vale la pena estar vivo!».
Fuente La Nación






