Gaiman
Edith Mac Donald: “La Música es Alimento para el Alma”

La música ha sido el hilo conductor de la vida de Edith Mac Donald, una mujer profundamente ligada a las artes desde su infancia. Nacida en una chacra en la zona conocida como “cinco esquinas”, Edith recuerda con cariño su infancia en un hogar donde la música era omnipresente. Desde sus primeros recuerdos, la melodía y el canto formaron parte de su día a día, gracias a la influencia de sus padres, Sarah Jones y Héctor Mac Donald, quienes cantaban juntos en cada comida.
Primeros pasos en la música
Su familia se trasladó a Trelew y luego a Gaiman, donde Edith vivió en la casa del fotógrafo Demitruk. En este entorno, comenzó a desarrollar su amor por la música, asistiendo a la Capilla Bethel, donde su madre enseñaba en la escuela dominical. Allí, Edith y su hermano formaron un cuarteto familiar que se presentó en diversas capillas y eventos comunitarios. La música se convirtió en un lenguaje común que unía a la familia y a la comunidad.
Contribuciones a la educación musical
Desde los 14 años, Edith se dedicó a la enseñanza de la música, dirigiendo coros de niños, jóvenes y adultos. Su vocación la llevó a ser una de las precursoras en la creación de la Escuela de Música de Gaiman en 1978, junto al maestro Clydwyn Ap Aeron Jones y su esposa Alicia Ferrari. Esta escuela, que hoy lleva el nombre de Instituto Superior de Formación Docente Artística N° 805 “Maestro Clydwyn Ap Aeron Jones”, se ha convertido en un referente educativo, albergando a más de un centenar de alumnos.
Reconocimientos y lgado
Edith ha sido reconocida por su dedicación a la música, destacándose en el Eisteddfod Chubut, donde este año celebró 54 años de asistencia perfecta. Durante 50 de esos años, dirigió coros, contribuyendo a la cultura musical de la región. Su pasión por la música la impulsa a no perderse ninguna presentación del Instituto, reafirmando su compromiso con la educación musical y la formación de nuevas generaciones de músicos.
Reflexiones sobre su vida
Sentada en su living, compartiendo un rico té, Edith recuerda su trayectoria con emoción. “Me gustaba la vida que teníamos”, dice, evocando las memorias de su infancia y el ambiente musical que siempre la rodeó. La música, para Edith, no solo es un arte; es un alimento para el alma que ha nutrido su vida y la de muchos otros en Gaiman. Su historia es un testimonio del poder de la música y de la influencia de aquellos que, con amor y dedicación, comparten su pasión con el mundo.
–
Por Carina Pugh
























