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Gaiman

Concierto de aromas y sabores para venerar el legado galés

La historia de Ana en Plas y Coed. La casa de té más antigua de Gaiman.

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El pan de lúpulo y un viejo horno de barro, podrían ser la suma perfecta para rememorar en #Gaiman el legado galés. Cómo vive la gente del valle este #GwylYGlaniad y cómo se trasladaron los placeres de la cocina galesa. La historia de Ana en Plas y Coed.

Quienes hayan experimentado el amor de nuestros mayores a la hora de compartir un té a la vieja usanza, sin dudas reconocen en ese acto un concierto de aromas y sabores. Los mismos que a lo largo de más de 150 años, han luchado por mantenerse de generación en generación.

El paso del tiempo no ha hecho decaer ese acto diario, donde la comunidad se toma un momento del día para compartir una taza de té, un poco de pan y algunas tartas y tortas. El solo hecho de recordar a nuestras abuelas o madres, preparar ese momento, genera un clima de vivaz nostalgia y devoción por el legado de nuestros antepasados.

Gaiman se ha ganado con creces ser la capital del té galés en Argentina. Actualmente solo sobreviven tres casas de té, aunque sobre esta altura de julio, también se unen a brindar el servicio las capillas y reposteras caseras, ofrecen sus bandejas por las redes sociales.

La casa de té más antigua de Gaiman es Plas y Coed. Una nueva generación mantiene nítido el espíritu más genuino de los galeses a la hora de merendar. Ana Chiabrando Rees, es heredera de aquello y su vida por completo, gira en torno a la cultura.

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En este nuevo aniversario de la llegada del primer contingente de galeses al Chubut, expresó que el té, “simboliza el logro de haber mantenido después de tantas generaciones, las tradiciones vivas, es lo que los galeses buscaban: mantener sus costumbres. Al palparlo todos, mantener los aromas diariamente, hace que uno lo viva todos los días. Es decir, todavía estamos aquí y seguiremos estando”.

En búsqueda de los sabores originales

Ella ha investigado y buscado denodadamente la manera de representar los sabores que conoció por medio de su familia.

“Estoy haciendo el pan de lúpulo hecho a la antigua, de la misma manera que lo hacían mis bisabuelas. Cuando no se compraba la levadura ellas hacían todo el proceso. A mí me llevó un montón de años conseguir ese sabor”, reveló en diálogo con El Valle Online.

Ana recordó entre sonrisas la historia del lúpulo y su nain. “La verdad es que mi abuela lo adiaba a este pan. Cuando ella era chiquita, tendría 5 años, la mandaron en la chacra de Treorcky a buscar el lúpulo en un lugar alejado de la casa, donde tenía que cruzar un alambrado para volver. Cuando volvía con la botellita de levadura, -iba saltando-, la levadura explotó, ella se asustó. La botella se cayó y ella se cortó. Desde entonces quedó un tanto `traumada` con ese hecho –se ríe-. Nunca le gustó, siempre lo odió por ese episodio”, contó al explicar que la actual receta de Plas y Coed no la heredó directamente, sino que tuvo que investigar y viajar varias millas para obtenerlo.

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“Antes, el pan de lúpulo era lo más común y mi abuela reconocía que tenía un sabor especial, aunque después de ese episodio nunca más lo hizo. Una de sus hermanas más grandes si recordaba haberlo hecho. Me quiso enseñar ya de muy viejita pero no funcionó, tal vez le faltaba algún paso”, recordó la profesora Chiabrando Rees.

 “Yo durante años perseguí esa receta. Con los libros y anotaciones que tengo, realmente no salía el pan”, narró.

“Hasta que, en el 2016, encontré en Gales un libro de cocina diaria tradicional de las galesas, un libro publicado en 1820. Ahí encontré la receta del pan de lúpulo y sale perfecto. Volví a recrear esos sabores que se sirve en el servicio. Es un poco más amargo, pero es exquisito”.

“En Plas y Coed lo servimos, además del pan blanco. Tengo la suerte de tener lúpulo en el patio porque siempre hubo en el jardín, siempre se mantuvo, aunque no se usase, siempre hecho desde la más básica elaboración”, aseguró.

Un horno muy especial

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En Plas y Coed hay un antiguo horno de barro, hecho por primeros pobladores de la localidad. “Tengo un horno de barro que fue desde siempre el horno de la casa. Mis abuelos lo conservaron y quedó dentro de un galpón. Es el mismo horno que usaba mi bisabuela para hacer pan y torta galesa. Hay fotos de eso y la generación de mi mamá se acuerda cómo sacaban enormes panes y enormes tortas galesas de ese horno”.

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