Daniel Arrative es un vecino de la zona rural de Gaiman que viene padeciendo los efectos nocivos de la actividad delictiva. Según denunció en El Valle Online, ni el municipio, ni la Policía ni la Fiscalía hicieron nada. “Quizá porque no soy de la colectividad”, deslizó el damnificado.
La última semana aseguró que le robaron caballos mansos que fueron arriados hasta un matadero improvisado al este de Gaiman, donde tras una pesquisa, descubrió los restos de uno de sus caballos. Los indicios fueron hallados en una alcantarilla del barrio Baraibar, donde los chimangos delataron la presencia de restos biológicos de los equinos.
Además algunos caballos están baleados por los delincuentes. Uno de ellos, recibió un tiro en la nariz y la bala le cortó la lengua. “Ese caballo ya no puede comer”, lamentó.
Impotencia
Arrative prestó servicios durante 30 años en la Policía del Chubut y se dedicó durante años a la cría. “Ahora que estoy retirado me dedico plenamente a los caballos. Cuando trabajaba en Policía pensaba en que cuando estuviera retirado, poder dedicarme a los desfiles y fui juntando mis caballos. Mis hijos se criaron arriba de los caballos y es muy triste. Tengo cientas de fotos con ellos con mi hijita y que de un día para el otro tener que verlos muertos o muy lastimados es muy angustiante. Es una impotencia enorme porque además nadie hace nada”, explicó.
Al contar a la redacción de El Valle Online la situación, el hombre que trabajó varios años en la División de Abigeato y en la Comisaría de Dolavon, precisó que cuando le fue a indicar a la Comisario de Gaiman sobre la venta infraganti de carne de caballo en un domicilio, le respondieron que estaban haciendo un control de tránsito en el Puente San Cristóbal. “Se están riendo de mí. Yo me hago cargo de todo lo que sindiqué. No sé si la comisario no se quiere comprometer con la responsabilidad institucional que tiene”, se quejó.
Las críticas también recayeron sobre la Municipalidad de Gaiman y su área de Bromatología que no intervino ante el señalamiento de venta clandestina en el fondo de una vivienda particular del mencionado barrio.
Inviable
Ante este cuadro donde la delincuencia actúa sin inconvenientes contra la ruralidad y la ciudad, Arrative no descarta poner fin a su sueño equino. “Así que lo que me queda es meter a mis caballos en una jaula y mandarlos al matadero. O conseguir otro campo para seguir”, expresó angustiado.