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Peón desaparecido en La Meseta: 11 años de impunidad y profundo misterio

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Esta semana se cumplieron 11 años de la desaparición del peón rural Raimundo Nazario Pino. El poblador de la meseta central del Chubut fue visto por última vez el 9 de julio de 2011 a unos 40 kilómetros de Gan-Gan, en el establecimiento “El Portezuelo”, donde periódicamente lo llevaba su patrón para realizar tareas de campo por día. El misterioso caso se mantiene sin avances y su búsqueda quedó resumida a nulos resultados. Lo que pasó con Pino es toda una incógnita y está entre los más enigmáticos casos ocurridos en la meseta de Chubut donde hay decenas de peones sin aparecer.

Sobre las últimas horas de certeza en torno al hombre, otro peón, Elbio Cumil, fue quien lo vio salir de una de las habitaciones de la casa que habitaba cerca de las 6:30. Eran los días crueles donde la ceniza del volcán Puyehue castigaba hacía desde un mes a la región. Cumil esperó para desayunar a su compañero pero al notar que no llegaba, intentó seguir sus rastros por entre la ceniza.

Pino hoy tendría 61 años. Fue intensamente buscado pero no apareció ni un solo rastro certero.

Han sido innumerables los reclamos de búsqueda e investigación que realizó la familia, vecinos del lugar y diversas organizaciones. Pero ninguna novedad surgió, nada se sabe. Existen numerosas preguntas sin respuestas, dudas e incógnitas. El Ministerio Público Fiscal de Puerto Madryn lleva el legajo de investigación, caso 24.206 con la carátula “Pino Reimundo s/desaparición”.
A la comunidad desde Gan Gan
En una misiva que remitió la comunidad desde Gan Gan, recordaron que “Reimundo Nazario Pino, era peón rural, buscado siempre para los trabajos de época y las tareas propias de campo en las que se destacaba, por eso es que su patrón, Eliberto Sepúlveda, lo lleva por varios días a unos establecimientos rurales cercanos a Gan Gan, donde vivía. El 9 de julio de 2011, ya en el campo denominado El Portezuelo, fue visto por última vez. Elbio Cumil, otro de los trabajadores en ese establecimiento, lo vio bien temprano, ya que estaba levantado y caminando, pero luego nunca apareció”, comentaron en un escrito que hicieron llegar a la redacción de El Valle Online.

Su familia convive entre el dolor y la resistencia para conocer la verdad.

El mismo describe que cuando sucedió la desaparición “eran las semanas de intensas cenizas del volcán Puyehue, que también afectó a la amplia Meseta Central. La familia se entera de casualidad en un mercado local, hacen las denuncias correspondientes y comienzan las búsquedas, que en varias ocasiones se interrumpen por la aguda ceniza reinante”, recordó Angel Callupil, un comprometido referente social de la provincia.
“Desde los primeros días, su familia golpeó todas las puertas pidiendo que se continúe la búsqueda y se investigue lo sucedido. Doña Hortencia, madre de Reimundo, encabezó este recorrido en la Fiscalía de Puerto Madryn, Defensa Civil, Procuración General, y hasta el ejecutivo provincial de todas las gestiones que se sucedieron”, mencionaron desde la comunidad a la que perteneció Pino. “Solo promesas que no permitieron el avance del caso”, aseguraron.
La prensa
Desde que se conoció la noticia en los medios del valle pasaron algunas horas. La familia se enteró en un comercio de la localidad, un verdadero centro de información e intercambio entre los vecinos de la meseta. La desesperación y la incertidumbre corrieron entre la familia. La información estaba centrada en las derivaciones que presentaba la exloción del volcán chileno Puyehue. El caso pudo haber quedado tapado por las cenizas. Pero la tenacidad de sus seres queridos lo impidió.

“La difusión en diversos medios es lo que ha ayudado a la familia y vecinos y vecinas de la zona a sostener el reclamo y esa búsqueda de la verdad que siguen exigiendo. Pareciera que todo quedó en un insuficiente expediente de la Fiscalía de Puerto Madryn en la que duerme este, con pocas respuestas y varias preguntas que no se terminaron de responder. Los pobladores de la Meseta Central Norte y la extensa familia Pino, tuvieron que soportar que un primo de Reimundo también desapareciera, el 3 de noviembre del año de la pandemia. Con esta nueva tragedia, parece suceder lo mismo, ninguna novedad en la investigación y su búsqueda interrumpida desde hace meses. La angustia de doña Hortencia Hueicha no tiene reposo, con sus 86 años reclama conocer la verdad y a pesar del paso de los años, sigue animando a su familia para que esto no quede en el olvido”, finalizaron.

La familia y otros miembros de la antigua y reconocida comunidad tehuelche y mapuche se congregan para mantener viva la memoria del trabajador rural.

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