La historia de una familia de docentes del Valle Inferior

En el año 1966 una familia de Buenos Aires, oriunda de La Boca, llegó al Valle Inferior del Río Chubut con el fin de comenzar una nueva vida. En ese entonces, los pueblos tenían unas pocas casas esparcidas por las chacras y los caminos eran de pedregullos.
Para los recién llegados los días entre las bardas se hacían largos, pero, en pleno proceso de aprendizaje, una generación de 28 de Julio y Dolavon descubrió durante catorce años la cálida sabiduría de los Barzini.
Osvaldo tenía casi 40 años de edad y el título de maestro de primaria de la Escuela Superior Mariano Acosta, e ingresó como director de aquella legendaria Escuela Primaria nº 11 de 28 de Julio, mientras que Concepción Presas, con las profesiones de Dactilografía y Caligrafía, brindó algunos cursos y se dedicó especialmente al cuidado de los cuatro hijos de ambos.
Luego de tres años de permanencia en el sur, el maestro también ingresó en el Colegio Secundario Williams Morris. La institución educativa apenas tenía dos años de existencia, y las clases se dictaban en un salón que había prestado Don Cilano. Era un lugar viejo pero “ameno” donde en el pasado había un negocio. Los cursos compartían el mismo espacio.
Hasta que en 1982 el destino de la familia Barzini giró su rumbo hacia el norte del Valle Inferior, y aún viviendo en Trelew durante cuatro años continuaron viajando a Dolavon para seguir dictando clases y que sus hijos terminen los estudios.
Durante ese tiempo Osbaldo fue maestro en las escuelas nº 157 y nº 66 de Drofa Dilog, y a principios de la década de 1990 la familia se radicó definitivamente en Dolavon.

Pensamientos
“No estoy en el aula. Pero se nota la diferencia en la actitud de los chicos”, señaló Osbaldo Barzini en una entrevista realizada para El Zonal del Valle en 2010.
“Mi hijo me contaba que uno de los problemas era tratar de que no estén con gorra en el aula, no mucho más que eso. Y ahora los aritos…” señaló en referencia a las charlas con Jorge que también decidió ser profesor pero de Historia.
En cuanto a la nueva modalidad de enseñanza con una herramienta como es Internet, “tenemos dos problemas: en Dolavon el servicio es muy lento y no tengo paciencia para esas cosas” reconoció.

Además opinó que “Sirve para bien y para mal. Todo lo que se crea. Lo mismo la televisión. Hay cosas que sirven y cosas que no sirven”.
También se refirió a la mentalidad de los jóvenes de antes, al recordar que “terminábamos la primaria y lo primero que pensábamos en ese momento era buscar trabajo. Pero no es porque te mandaban, si no que querías, era natural”.
“Pero ahora hay menos responsabilidades. Estábamos viendo por televisión que en Europa hay menores de 40 años que viven con los padres porque no tienen trabajo estable. Es una actitud general” opinó.
Y sobre la forma de pensar de los descendientes que vivieron en estas tierras, aseguró que “Lo que veo es progreso. Sentido de mayor unidad. Cuando nosotros vinimos eran los galeses allá y los latinos aquí. Es algo cultural”.
“Pero ahora la integración es total, es un lugar agradable para vivir. En este momento no hay diferencias” resaltó.
Reconoció que “Al estar mezcladas las familias hasta he tenido la oportunidad de ver tres ministros en un entierro. Es una belleza, es algo tan lindo ver eso”.
“Tal es así que mi esposa es creyente y yo ateo. Nunca tuvimos un problema. Igual nos casamos con la condición de que no iba a ser por iglesia, pero si teníamos hijos los íbamos a bautizar” afirmó.

“Igual lo único que no permitiría es que un hijo sea de River” resaltó con una picara sonrisa y luego de más de 60 años de casado.
Y así, tras una historia donde los conocimientos de una familia cultivaron parte de una generación del Valle Inferior, Osbaldo y Concepción comparten sus raíces con 11 nietos y 6 bisnietos.

Osbaldo falleció en 2019.




