Gaiman
Mujeres del campo reconocidas en los 90 años de la Sociedad Rural del Valle del Chubut

Con su ejemplo de esfuerzo, resiliencia y amor por la vida rural, Mirtha Noely Owen y Eva María Lillo fueron homenajeadas este sábado durante el acto central por el 90° aniversario de la Sociedad Rural del Valle del Chubut en Gaiman.
Este sábado 30 de mayo en el marco del acto central por los 90 años de la Sociedad Rural del Valle del Chubut en Gaiman, fueron homenajeadas dos destacadas mujeres de la zona rural: Mirtha Noely Owen y Eva María Lillo. Con su vida de esfuerzo, tenacidad y entrega, ambas representan el espíritu de las mujeres del campo patagónico.
Estuvieron presentes los intendentes Darío James de Gaiman y Gerardo Merino de Trelew, el presidente de la institución anfitriona, Ricardo Irianni; integrantes de organismos provinciales, ediles y representantes de sectores relacionados con la actividad rural.
Mirtha Noely Owen
Nacida el 4 de julio de 1946 en una chacra cercana a Dolavon, Mirtha Noely Owen es hija de Iris Kent e Ioan Owen, ambos de ascendencia galesa. Realizó sus estudios primarios en la Escuela N° 35 de Dolavon (hoy N° 101), a la que acudía a caballo junto a sus hermanos.
Por la falta de escuelas secundarias cercanas, no pudo continuar sus estudios formales y realizó un curso de corte y confección que, con el tiempo, se convertiría en una importante herramienta para colaborar con la economía familiar.
A muy joven edad comenzó un noviazgo que no contaba con la aprobación de sus padres. A los 18 años se casó con Bernardo Conrad y en julio de 1964 se instalaron en el campo. Aunque había crecido en la chacra, la vida rural la sorprendió por su dureza y soledad, alejándola de su familia y amistades.
Tuvo que aprender a cocinar, calefaccionar la casa con leña, acarrear agua, serruchar carne, incorporar carnes de caza como guanaco y avestruz, y manejar la Petromax. También aprendió a conducir, practicando principalmente al pasar las numerosas tranqueras con un camión Bedford modelo 1962.
Participó activamente en las tareas del establecimiento ganadero ovino: puertear, horquillar, ordeñar chivas, criar corderos guachos y asistir partos de ovejas. Sin embargo, lo que más disfrutaba era coser, bordar, tejer, preparar dulce de leche y ricas tortas para la merienda. Cosía la ropa de toda la familia y decoraba la casa con cortinas, manteles y agarraderas bordadas por sus manos. También diseñaba y cosía las tapas de los carneros de la cabaña “La Mirtha” para las exposiciones.
En 1966 nació su primera hija, Daniela, y en 1969 llegó Silvio. Cuando los niños comenzaron la escolarización, Noely y Bernardo tomaron la difícil decisión de contar con el apoyo de los abuelos, especialmente durante las épocas de esquila, baños y servicio.
A fines de 1986, la pareja tomó caminos separados, un momento que marcó profundamente a toda la familia. Con el paso del tiempo, Noely decidió acompañar a su hijo en el establecimiento El Ñandú, sin abandonar nunca la vida de campo.
Con el tiempo, el bajo precio de la lana, las sequías y el deseo de una vida más cómoda la llevaron a radicarse definitivamente en Dolavon, donde hoy disfruta de su familia, sus telas, lanas, plantas y las visitas de quienes siempre la recuerdan con cariño.

Mirtha Noely (Izq.) y Eva María (Der.)
Eva María Lillo
Eva María Lillo nació en 1937 en Chacay Oeste, hija de Eudosia Lillo y Apolonio Campos, quien falleció antes de que ella fuera inscripta en el Registro Civil. Es la menor de nueve hermanos.
Realizó parte de su primaria en la Escuela de Loma Grande y luego regresó al campo junto a su madre. Con 15 años conoció a Evan John Roberts, de 29 años, y poco después decidieron unir sus vidas. Compartieron el trabajo rural entre el monte, el jahuel, las vacas y las chivas.
En 1954 nació su primera hija, Nelly, en el maternal de Trelew. Luego se mudaron al establecimiento “El Bañado”, construido en 1894/95 por el tío Daniel Roberts. Allí nacieron Marta, Humberto y Ricardo. Su hijo menor, Nelson, nació en el Instituto Médico del Sur de Trelew.
Su vida estuvo marcada por el trabajo duro y constantes desafíos: andar a caballo, ordeñar, alambrar, cocinar para la familia y los esquiladores, hacer pan, encender el fuego cada mañana y coser la ropa de toda la familia. Aún hoy mantiene sus “gallinas felices”, a las que cuida con pasión y regala huevos a sus seres queridos.
Tras el fallecimiento de su esposo Evan John en 2014, continuó al frente de la familia con gran fortaleza. Hoy, a sus 88 años, la encuentran rodeada de sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. Sigue participando activamente en las tareas del campo: hacha leña, hace asados, cuida la ropa de la familia, saca algarrobos de la ruta y disfruta del paisaje, los molinos y el sereno campo.
Es un placer para ella ver la mesa llena, compartir mates, tortas fritas y momentos con su familia. Aprendió a usar el celular con gran habilidad, lo que permite que todos estén comunicados constantemente.

























