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Gaiman

La Compañía de Rifleros del Chubut (*)

Por Carlos Dante Ferrari

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Por Carlos Dante Ferrari

Cuando el Coronel Luis Jorge Fontana llegó a nuestras tierras para asumir el cargo de primer gobernador del Chubut, en mayo de 1885, seguramente ni sospechaba que le tocaría en suerte asumir un rol primordial en la concreción de un largo anhelo de los colonos galeses radicados en el valle. Durante años, los pioneros habían escuchado de boca de los tehuelches acerca de la existencia de una comarca muy bella hacia el Oeste, donde se erigía una gran cordillera con picos nevados. Ellos les habían contado que allí había agua, pasturas y vegetación en abundancia, lo cual les recordaba a los galeses la topografía de su patria natal.

En muchas oportunidades algunos jóvenes aventureros habían intentado incursionar en esos lejanos parajes, pero la distancia y la existencia de grupos nativos hostiles eran dos grandes obstáculos para asumir el riesgo de una exploración organizada sin los resguardos adecuados. No olvidemos que en marzo de 1884 había ocurrido el lamentable suceso en el llamado Valle de los Mártires —zona de Las Plumas—, en el que tres jóvenes galeses perdieron la vida a manos de sus perseguidores.

La llegada de Fontana un año después, con su gran experiencia como militar y explorador, animó a los pobladores a presentarle una petición para realizar una expedición formal hacia las tierras occidentales. La iniciativa era encabezada por John Murray Thomas, un hombre inquieto y emprendedor. El gobernador se hizo eco de este deseo y elevó un pedido de autorización al gobierno nacional. Pero la respuesta se demoraba, y en la misma medida crecía la ansiedad de los interesados. Finalmente los pobladores se atrevieron a insistir en el pedido, debido a que se estaba pasando la estación propicia para la excursión (era ya el mes de septiembre) y muchos daban a entender que estaban dispuestos a viajar por su propia cuenta. Frente a estas circunstancias, Fontana comprendió que la expedición debía llevarse a cabo de una buena vez, aun sin aguardar la venia de Buenos Aires.

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Se organizó un rápido reclutamiento de voluntarios y organización de los preparativos, tareas a cargo de Gregorio Mayo y John Murray Thomas. El Ing° Guillermo Katerfeld fue designado como ayudante y agrimensor del gobernador. El cuerpo quedó integrado por 29 personas: siete argentinos, dos alemanes, un norteamericano y diecinueve galeses. Uno de estos últimos era nada menos que John Daniel Evans, el Baqueano, sobreviviente del episodio en Valle de los Mártires. En las crónicas también figura un integrante más, cuyo a identidad se ignora, por lo que se ha dado en llamar “el soldado desconocido”.

El viaje tenía no solo el propósito de explorar los nuevos territorios, sino también de realizar algunas investigaciones sobre yacimientos fósiles y minerales. No olvidemos que Luis Jorge Fontana había sido discípulo de Germán Burmeister en el estudio de ciencias naturales, física y astronomía y aquilataba una sólida formación científica, a tal punto que fue autor de varias obras de divulgación científica.

El 14 de octubre de 1885 partieron desde Rawson. Llevaban 260 caballos de recambio, 20 cargueros con víveres para 3 meses, 30 fusiles Remington con 100 tiros por hombre, 2 cargueros con instrumentos científicos y herramientas y un botiquín con todos sus accesorios. En el lugar llamado Dique “Las Piedras” —actual zona de Bocatoma— realizaron una práctica de tiro, en lo que fue su única preparación de carácter militar y con propósitos únicamente defensivos. Desde allí iniciaron una travesía de más de tres meses. Según nos cuenta el propio Fontana en su crónica titulada “Viaje de exploración en la Patagonia Austral”, pasaron por Valle de los Mártires, Los Altares, el Valle de las Ruinas, y el 3 de noviembre llegaron a Paso de Indios. Allí comprendieron la necesidad de construir una gran balsa con palos de sauce para acarrear todo el equipamiento a través del río.

A lo largo de toda la travesía Fontana fue registrando yacimientos de caolín, especies de flora y fauna locales, restos fósiles, e incluso dio cuenta de la existencia de oro en pequeñas muestras recogidas a orillas del río Chubut, cerca de Paso de Indios.

El extenso viaje prosiguió por Piedra del Águila, luego la confluencia de los ríos Chubut y Gualjaina, la laguna Tsúnica y el río Corintos, hasta dar al fin con su primera gran meta el 25 de noviembre de 1885, cuando se abrió ante los asombrados ojos de aquellos viajeros un valle hermosísimo. Los colonos lo bautizaron en su idioma con el nombre de “Cwm Hyfryd”: “Valle Encantador”. Bellas montañas con laderas boscosas, verdes praderas alfombradas de flores y frutillas silvestres. Habían llegado a la tierra tan anhelada, donde pocos años más tarde se instalaría la Colonia “16 de Octubre”.

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Tras una exploración por la zona la Compañía emprendió el regreso con un giro hacia el sur, pasando por Appeleg; luego descubrieron un lago al que los rifleros bautizaron “Fontana”, pese a la oposición de su líder. Prosiguieron por río Senguer, río Mayo, los lagos Musters y Colhué Huapi y de allí, yendo el Este, llegaron hasta a la costa del golfo San Jorge; después remontaron hacia norte, pasando por el río Chico y finalmente llegaron a Rawson, el punto de partida. Era el 2 de febrero de 1886.

Para el gobernador Fontana, el trato diario con tan singulares acompañantes fue una grata experiencia. Así los describe en su obra: “Entre mis compañeros de expedición, el traje de confección europea alternaba en estrambótico consorcio con los productos de la industria indígena: por debajo de un poncho asomaba el faldón de un jaquet; los quillangos suplían a los capotes impermeables y a guisa de cinturón, la mayoría ostentaba hasta tres pares de boleadoras.” Asombrado por las destrezas de los colonos, dice también: “…el galés monta a caballo como el árabe, bolea avestruces y guanacos como el indio y maneja el Remington como un soldado de nuestro ejército; sobrio y moderado por lo demás, la disciplina actúa en el fondo de su carácter”.

Luis Jorge Fontana fue gobernador hasta 1894, por lo que le tocó ser testigo y co-protagonista de grandes realizaciones en nuestra tierra; entre ellas, la consolidación de la actividad agrícola y la comercialización de productos, el tendido del ferrocarril, la traza de caminos, la realización de importantes estudios y relevamientos cartográficos y estadísticos y la institucionalización de los cuadros administrativos, judiciales y policiales. Pasó sus últimos años en la provincia de San Juan, donde falleció el 18 de octubre de 1920, a los 74 años. Sus restos descansan en la Ciudad de Formosa. Para nosotros, además, Fontana fue el sabio conductor de un puñado de colonos que, convertidos por un breve tiempo en “los rifleros”, unieron a lomo de caballo la costa y la cordillera, protagonizando otro gran capítulo de la historia chubutense.

(*) Este artículo integró una serie de notas efectuadas por el autor para un ciclo radial emitido por LU20, Radio Chubut, entre febrero y julio de 2015, con motivo del Sesquicentenario de la llegada al Golfo Nuevo del primer contingente de inmigrantes galeses en el Chubut, en julio de 1865.

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