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Gaiman

Luned Roberts ganó el premio literario en la Fiesta del Citron

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La vecina de Gaiman, Luned Roberts de González, obtuvo el premio literario de la Fiesta del Citron desarrollada el último fin de semana en la localidad.

La reconocida docente le contó a El Valle Online respecto de qué la inspiró a escribir el cuento. “Tenía ganas de participar para que hubiera más competencia. Y así se fue escribiendo el cuento con distintas imágenes: la figura regordeta de algún vecino de antaño en Gaiman, la casa hornito cercana a Bethel, los canales de riego que han estado sobre el tapete este año, etc. Traté de darle un sesgo un poco humorístico. Algo “light” como se dice ahora”.

Se le consultó si escribe mucho. “Todas las semanas redacto las noticias de Audición Camwy <La Hora Galesa> que se transmite por Lu20 los viernes. Heredé esa obligación de Tegai”, mencionó.

Además “Estamos acostumbrados aquí a escribir para concursos. Todos los años hay competencias en el Mini-Bethel que son muy simpáticas. Algunas en galés, otras en castellano.  También he mandado trabajos para competencias en Gales que organiza la Asociación Gales- Argentina”, enumeró.

Sobre la dedicación a la literatura que se produce en la comunidad del Valle Inferior añadió que “ahora se viene el Eisteddfod! ¡A poner las barbas en remojo!”

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Luego señaló que “el escritor de la familia era mi esposo Virgilio y cuando yo tenía que escribir algo y me faltaba la palabra le preguntaba: <cómo se dice cuando uno quiere describir como que…>,  y él me daba la palabra justa. En la familia mi hermana Moelona hizo trabajos para las competencias del Mini Bethel, también traducciones”.

Recordó que su hermana Tegai “trabajó muchísimo en la redacción de la revista Camwy y en la traducción de artículos históricos. Mi hermano Arturo Lewis, radicado en Estados Unidos, fundó un mensuario, la mayor parte en inglés para la comunidad galesa del norte. Era su hobby y fue su editor por 40 años. Continúa su publicación en forma bimensual, en otras manos. Se llama NINNAU (nosotros)”, consignó Luned.

Por último, aprovechó el momento para agradecer. “Estoy muy agradecida por el lindo premio de un “voucher” para comprar libros en Jenny. Felicitaciones a los organizadores de la Fiesta del Citron”.

El Cuento
 
Don Esférico Redondo (Cuento infantil)

En un rincón bastante alejado del valle, pero con muy buena tierra, tenía su chacrita
Don Esférico Redondo. Había nacido y se había criado en esa chacra y amaba el trabajo de la tierra.
Le gustaba levantarse temprano, tomarse unos matecitos amargos y luego caminar
entre los surcos para ver como andaban los cultivos. Había aprendido a regar con su padre
y jamás inundaba el camino porque limpiaba cuidadosamente sus zanjas todos los inviernos
y también el canal comunero.

Tenía predilección por ciertos cultivos: le gustaban los zapallos redondos. no
simpatizaba con las calabazas alargadas. Y cuando se trataba de papas, nada de papas
largas, quería cosechar papas redonditas, parejitas. Y lo lograba porque era muy conocedor y habilidoso. Cuando compraba fruta, jamás elegía una banana. Prefería las naranjas y los duraznos, y si compraba manzanas las elegía lo más redondas posible.

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El mismo tenía también una figura bastante redonda, no muy alto, con piernas
algo cortas y una cintura, bueno, no tenía cintura en realidad ya que era muy redondo.
Debido a eso siempre usaba pantalones con tirantes.

Cuando llegó el momento de casarse construyó una casa nueva. Nada de esquinas y rincones, eligió la casa “hornito”, Su esposa era una vecina que tampoco tenía gran estatura ni una figura esbelta, pero poseía un rostro sonriente y su risa era cantarina y contagiosa. Esférico se sentía muy feliz con ella y la amaba mucho y ella le correspondía.

Cuando eligieron los muebles para su casita “hornito” había muchas cosas con
formas redondeadas. El espejo del ropero era redondo, la cabecera de la cama era una
semi- esfera y aunque les parezca raro, la mesa de la cocina también era redonda. Esto era muy cómodo porque uno no chocaba con las esquinas en un descuido, como sucede muy a

menudo. A la joven esposa le gustaban los colores vivaces, sobre todo el rojo. Sobre los
sillones de la sala había almohadones redondos de color rojo.

Esférico tenía un vecino que era alto y delgado, pese a ser tan diferentes
físicamente, eran grandes amigos. La esposa del vecino era espigada y alta como su marido.
Ella y la esposa de Esférico eran muy compinches y con frecuencia intercambiaban sus recetas. Ambas eran excelentes cocineras. Las albóndigas y buñuelos de la esposa de
Esférico eran deliciosas al igual que los canelones y churros de su vecina.

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Un día, el vecino y su esposa viajaron a un país lejano y Esférico cuidó de su predio durante la ausencia. Recorrieron muchos lugares y visitaron una muestra agropecuaria. Allí se exhibían toda clase de productos de la tierra. Uno especialmente les llamó la atención: un fruto grande y redondo color verde y blanco que no conocían y que denominaban “citron”. Tuvieron una idea: llevarle a Esférico semillas de ese fruto. Y…¡oh sorpresa, las semillas eran rojas! El regalo era ideal para el matrimonio vecino. Compraron
dos sobres de semillas que tenían la foto del “citron” y la receta de una mermelada. El regalo fue muy bien recibido y Esférico comenzó a cultivar el “citron” con entusiasmo y con
excelente resultado.

Pronto la gente hacía cola para conseguir este fruto y comprar la rica mermelada que su esposa envasaba en unos frascos panzudos y redondos que hacían juego con ella y su marido. Al prepararla siempre le incorporaba unas pocas tajaditas finitas de limón para darle ese sabor particular que tanto atraía a los puebleros. Así fue como el “citron” llegó a ser tan popular en nuestro valle. ¡Y COLORÍN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO! SEUDÓNIMO “Pueblera”

AUTORA: Luned V.Roberts de González

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