Gaiman
Una historia de amor que inició hace medio siglo en un picnic de Bethesda
Cristóbal y Antonia se casaron el 18 de junio de 1971 y hoy comparten su nuevo aniversario a través de El Valle Online.
La historia de amor de Cristóbal 24 años y Antonia de 17 inició hace más de medio siglo en la chacra de Mellado. En uno de esos pícnic familiares que se hacían en los patios al aire libre, y donde las orquestas del Valle eran las encargadas de amenizar las noches bajo las estrellas. El joven había nacido en Comodoro Rivadavia, y vivía en Bryn Gwyn donde se dedicaba al trabajo rural, y ella apenas tenia 3 años recién cumplidos cuando su familia decidió mudarse de España a las chachas de Dolavon.
El “flechazo” en Bethesda no tardó en llegar, y decidieron casarse en el registro civil el 18 de junio de 1971. Al día siguiente lo hicieron por iglesia. La fiesta de bodas se celebró con un agasajo familiar en el Club Argentinos del Sur.
Luego llegaron los hijos. A los 11 meses nació Silvia, y a los 17 meses Adriana. Mientras que 8 años fueron los que pasaron para el nacimiento de Walter. El lugar elegido para vivir fue Bryn Gwyn al sur de Gaiman.
Hasta que en los albores de la década de los años 90’, y siendo que Silvia debía empezar la secundaria, decidieron mudarse al pueblo, y compraron una casa en la calle Moreno al 200. Al poco tiempo Antonia Robles ingresaba en la fábrica del estero.
Pero un acontecimiento imprevisto cambiaría para siempre la vida de la familia Parra. A los 45 años un pico de presión lo convertía a Cristóbal en paciente hemipléjico. De ese día pasaron 29 años. “Hasta hace 6 años él caminaba, con dificultad, y después se dejó estar y no quiere salir de la casa” señala la señora al referirse a la parálisis que le ocasionó a su marido una importante discapacidad física. De hecho, él asegura a El Valle Online que “no” le gusta la silla de ruedas. Sin embargo no se pierde ningún partido de fútbol. “Mi equipo preferido es River” resalta entre risas.
En cuando al secreto para permanecer juntos medio centenar de años Antonia hace hincapié en el “Aguante. Mucho aguante, y paciencia”. Asimismo manifiesta que “es feo porque no podés disfrutar de nada. Yo por lo menos salgo a dar una vuelta por el pueblo, pero él no quiere”. Por su parte don Cristóbal, en ese instante de la conversación resalta que le “gustaba salir a pescar de costa”, y que siempre recuerda las horas en familia en la Isla Escondida. También solían visitar La Ralde. En esos años tenían una “F 350”.






