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Dolavon

La historia de Olga Neris Lloyd: “Mi sueño era volver a Dolavon”

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Cada pueblo tiene una historia que fue construida por cientos de protagonistas durante muchos años, y hay quienes decidieron echar raíces en el pueblo que los vio nacer como es el caso de Olga Neris Lloyd de Dolavon.

Fue caminando por las calles de Dolavon, que nuestra curiosidad nos atrajo en particular hacia la vidriera de una tienda que exhibía varias fotografías en blanco y negro y de época.

Para el día del aniversario del pueblo de las norias, Olga había decorado su negocio con estas fotos que no solo recordaban una época pasada, sino también la magia y la sencillez con la que se vivía en aquellos años.

Dentro de esa valiosa colección estaban las fotos de sus abuelos paternos, William Jhon Lloyd y Hannah Bowen; y los maternos William Llewelyn James y Mary Ellen Jones.

Pero conozcamos a través de El Valle Online un poco sobre su historia de vida. 

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Olga Neris nació hace 75 años en una chacra cercana a Dolavon, y fue recibida al mundo por María Ercoreca, la misma partera que recibió a sus siete hermanos Marlene, Narlu, Hardy, Raúl, Susana, Jorge y Anita.

Sus padres, Edwina James y Emrys Lloyd se dedicaban al arduo trabajo de la chacra. Emrys se encargaba de la cosecha, mientras que su esposa combinaba las tareas del hogar con el ordeñe de las vacas y la fabricación de quesos; tarea en la que ayudaban también los niños de la familia.

Son numerosas las anécdotas que van surgiendo en la memoria de Olga de su adorado pueblo. Ella nos cuenta que a las 7 de la mañana, desde la chacra se podía escuchar el sonido del tren. “Había un carrito que iba limpiando las vías antes que pase el tren, nosotros lo llamábamos la zorrita” recuerda, y luego añade: “viajé algunas veces a la playa, el tren pasaba por delante de la Capilla Carmel”.

Lejos en el tiempo quedaron esos nostálgicos paseos, junto a su familia en el coche a caballo cuando visitaba a sus primas y su miedo de niña a la oscuridad, cuando regresaban de noche y solo se veían el cielo estrellado.

Infancia y juventud viajera

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Algunos de los sitios que su memoria atesora son, el negocio de ramos generales de Anton Brunt, lugar donde se vendía todo por mayor, y la primera casa de Dolavon, construida en barro y pisos de madera, ubicada detrás de la comisaria, y que tuvo la oportunidad de alquilar en su juventud con Mirta Williams.

Olga cursó los primeros 4 años de la primaria en la Escuela Provincial Nº 101, antiguamente la Nº 35 de Dolavon, y algunos de sus compañeros de clase fueron: Mabel Bonavia, Anita Vázquez, Delia Arce, Omar Peruzotti, Javier García Vázquez, Norma Thomas, Mabel Griffiths Eduardo Evans, Mabel Owen y Orlando Mattar.

El 5º grado lo hizo en la escuela del Dique Florentino Ameghino ya que estuvo durante un tiempo viviendo con su tío Milton James, quien en ese tiempo trabaja en la planta de agua. Pero sus estudios primarios los terminó en su localidad natal, como alumna de la maestra Raquel Bonavía.

En su juventud, su espíritu inquieto la llevó hasta la cordillera y a vivir hasta los 15 años en la ciudad de Esquel junto a su hermana mayor, pero nada la separaría de su adorado valle. Por eso volvió al querido pueblo de las norias, y fue allí donde comenzó su primera experiencia laboral en La Feria Franca de Isaac Esquenazi; allí trabajaba junto a Delia Lloyd, y después lo hizo en la Farmacia Santa Brígida.

Olga que de joven concurría a los bailes de carnaval. “Eran divinos, nos disfrazábamos y con mis primas veníamos caminando de la chacra” recuerda en diálogo con El Valle Online. Además en el verano la atraía hacer largos paseos por la costanera junto a su vecina Marta Toldo, admirando el verdor de los sauces llorones y las bellas norias que, en el marco del paisaje, “eran el complemento perfecto” resalta.

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Buscando nuevos rumbos, durante el año 1975 fue a vivir con su hermana Susy, pero sin dejar la cultura que nuestros abuelos nos enseñaron del “trabajo”. En esos 4 años dice que aprendió mucho sobre el comercio ya que trabajó en la Librería Ojeda.

Su lugar en el mundo

Pero su corazón, siempre se mantuvo aferrado “al viejo pueblito” de las norias, y por eso, luego de esos 4 años en Trelew, volvió para nunca más irse.

Con 29 años Olga se casó con Alberto Dourado en 1977, siendo el juez de paz de ese entonces Norman Richards cuando el juzgado, estaba ubicado donde actualmente funciona el Concejo Deliberante de Dolavon.

Con su conocimiento y experiencia en comercios, en octubre del año 1979 abre junto a su esposo el almacén “Juliancito”, que aún sigue funcionando atendido por él. Mientras que en el año 1991, inauguró una tienda que actualmente atiende junto a su hija.

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Es así que hoy disfruta de su adorado pueblo, lugar donde decidió formar su familia junto a Alberto y sus tres hijos, Julián, Ioana y Bernardino, y siempre lo reafirma: “Mi sueño era volver a Dolavon”

 

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