Rawson
Sale a la luz crónica inédita de periodista que vino en el Mimosa

A 160 años de la llegada de los colonos galeses, la familia Dimol recibió la traducción de una carta histórica e impactante, escrita por su tatarabuelo en 1866, que revela el hambre, el desierto y el primer vínculo con los tehuelches.
El pasado 11 de mayo, en las oficinas del Centro de Investigación y Patrimonio Cultural de Trelew, se vivió un momento de profunda emoción histórica. El director del centro, el historiador Diego Gatica, junto al periodista y traductor Meirion Griffiths, hicieron entrega formal a Julio Dimol, vecino de Rawson de la versión en castellano de una carta histórica escrita por su tatarabuelo, Twmi Evans Dimol, fechada el 20 de junio de 1866.
La original se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Gales, en Aberystwyth, junto a una Biblia y otras pertenencias rescatadas tras el naufragio del barquito Denby cerca de Camarones. Pero lo que verdaderamente sobrevive en sus líneas es la crónica viva, descarnada y profundamente humana de los primeros doce meses de la Colonia Galesa en el valle del “Chupat”.
Del Atlántico al desierto: el precio de la inexperiencia
Thomas “Twmi” Evans Dimol era periodista, poeta y carpintero, pero cumplió un rol particular durante el mítico viaje del velero Mimosa: sirvió como mayordomo a bordo. Esa tarea, según relata con cierta gracia a su amigo de la infancia Ceiriog —el destinatario de la misiva—, le impidió escribir una sola línea durante la navegación por los “cuántos menesteres” que lo ocupaban de día y de noche.

El historiador Diego Gatica (izq.), junto al traductor Meirion Griffiths (Der.), hicieron entrega formal de la carta en castellano a Julio Dimol (Centro).
Su registro de lo que ocurrió al pisar tierra es de un valor documental impactante. La carta histórica detalla a través de diez carillas la crudeza de una travesía que hoy parece mítica, pero que para ellos rozó la tragedia. Twmi describe el drama de la falta absoluta de agua potable en el camino entre Puerto Madryn y Rawson, y narra en primera persona la desaparición de David Williams, un colono que salió al campo a buscar agua el mismo día del desembarco y del que nunca más se encontró rastro.
El invierno de 1865 y los meses siguientes fueron una prueba de supervivencia extrema. “Vi el tiempo en que un zorro era comido con avidez, y también un búho y un halcón”, confiesa Twmi, relatando además cómo hervían cactus espinosos, los cortaban en tajadas y los freían con un poco de grasa para engañar al estómago cuando las provisiones escaseaban.
“Los galeses no son tan ladrones”: el encuentro con los tehuelches
Lejos de la narrativa del conflicto que dominaba otras fronteras de la época, esta carta histórica es un monumento a la convivencia. El miedo inicial de las mujeres al ver aparecer a los nativos tehuelches, se disipó cuando un hombre robusto, perteneciente a la tribu, salió a su encuentro en el agua para cargarlas hasta la orilla sin que se mojaran los vestidos.
Twmi observa a los tehuelches con curiosidad técnica y profunda simpatía. Registra su destreza para confeccionar mantos de piel de guanaco y su asombro al verse por primera vez en un espejo. Pero lo más valioso es el registro del lazo social: los nativos aprendieron rápido una veintena de palabras en galés y expresaban que los colonos eran de su agrado porque, a diferencia de otras experiencias, “los galeses no son tan ladrones”.

La carta fue escrita el 20 de junio de 1866 por Twmi Evans Dimol
No faltan las notas de color: desde los primeros dos casamientos coloniales en medio de la estepa, hasta el chisme de un muchacho galés que se enamoró “hasta las orejas” de una joven nativa. El padre de la muchacha resolvió llevar a compartir un té galés a otra joven de la familia que se pintaba la cara con tintura de ponchos, logrando enfriar eficazmente el entusiasmo del pretendiente.
Semillas de futuro: 333 granos de cebada y una comunidad que arraiga
Hacia el final de la carta, escrita apresuradamente porque el correo estaba a siete millas y el día invernal se apagaba rápido, la desesperanza del inicio empieza a mutar en arraigo. Lewis Jones había llegado a renunciar a la presidencia del comité aconsejando a todos que se marcharan. Pero la elección de William Davies y el apoyo del ministro Guillermo Rawson —que consiguió subsidios y el barquito Denby para traer provisiones desde Carmen de Patagones— cambiaron el rumbo.
Dimol cierra su misiva con una revelación que es pura fe en el porvenir: el orgullo de haber obtenido 333 granos de cebada a partir de un solo grano sembrado. Mientras el invierno patagónico cubría el suelo con una delgada capa de nieve aquella mañana de junio de 1866, el mayordomo del Mimosa plantaba, sin saberlo, la crónica de una comunidad que se multiplicó en el tiempo y es reconocida como la colonización más pacífica del mundo.

























