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Una metáfora para Rawson

Especial para El Valle Online por Sergio Pravaz.

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Las metáforas no son sólo asunto de poetas; en realidad se encuentran más en la vida diaria que en la poesía porque de allí surgen; es el habla cotidiana la que las genera; en la voz de la gente del pueblo está; no podría ser de otra manera ya que los poetas, luego de mirar su entorno, hacen su trabajo; y su entorno no es otra cosa que la realidad; porque todos los días la gente inventa metáforas, lo hace todo el tiempo, se sacude y se le caen las metáforas, andan por ahí, de a millones y mezcladitas; y no es importante que sea conciente de ello porque es así como se construye la lengua; y de ahí al diccionario.

La metáfora es la posibilidad de darle otro sentido a esa realidad; se vincula con los sueños y es necesario acostumbrarse a ellos, disponer de ellos, ser capaces de tenerlos a montones, en todos los sentidos, arriba, abajo, a los lados, siempre ahí, muchos de ellos. Nos vino así, uno de los puntos más altos de la cadena evolutiva, de esos que marcan la diferencia y te llevan para adelante sin cesar. Es esa invaluable posibilidad que te permite imaginarte un puente, tenerlo adentro de tu cabeza y de repente está allí, tangible, real, un hecho físico; o un suceso acontecido en un viejo muelle, a la espera de una draga, todos reunidos, parejitos, celebrando, a la espera, eterna, sorpresiva; o aquella fiebre administrativa que tensó el cable y puso en movimiento toda la línea, cuando se decidió que había que tener una plaza, pero una playa mayor, no cualquier plaza, con muchos árboles, con traza de ingeniero, con planos, firma y un gran busto totémico de honra.  

¿Porqué no soñar con la costanera llena de árboles dispuesta para que la disfrutemos?. ¿Porqué no soñar con enormes monumentos que digan nuestra historia para que el visitante sienta la necesidad de volver?. ¿Porqué no soñar con hermosas avenidas, plazas, barcazas en el río, asfalto, color, alegría?.

Hubo un tiempo en dónde la gente que habitó esta tierra que hoy pisamos y queremos y sufrimos y extrañamos cuando estamos lejos de ella, tenía sueños tan grandes, pero tan grandes que hasta el mismo mar aplaudía; esos sueños no tenían ni altura, ni fondo ni costados, porque así son los sueños; así fueron los que impulsaron a los primeros colonos galeses, así fueron los que impulsaron a todos los que vinieron después y a los que había antes de los galeses.  

Es preciso, más allá de la crónica periodística y los cumplimientos anuales de la fecha venerada, rescatar los sucesos que son sostenidos por la memoria de sus habitantes. Hay cientos, miles de historias en Rawson dignas de ser contadas que nacieron por voluntad de su gente. Solo hace falta tomarlas de los memoriosos, aquellos que saben, recuerdan y son multitud a fin de otorgarles la dimensión que naturalmente poseen y de ese modo, evitar que sean presas del olvido. Es necesario redimensionar los acontecimientos ocurridos para que sus habitantes, es decir todos nosotros, los incorporemos a nuestra identidad colectiva.

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Puente del poeta

En el año 1889, las comunicaciones de la ciudad capital con el resto del Valle habían exigido a la comunidad rawsense la construcción de un puente de madera sobre el río Chubut.

Un carpintero oriundo de Gales cuyo nombre era Griffith Griffiths, también conocido como el poeta “Gutyn Ebrill” fue el encargado de llevar a cabo la tarea.

Griffiths, quien también fue el constructor del puente Hendre, del primer muelle de madera de la ciudad de Puerto Madryn y de las casas que se construyeron en Coronel Suárez para los galeses que emigraron del Valle al entonces paraje de Sauce Seco, presentó su proyecto del puente en el Eisteddfod de 1889 ganando el certamen en el rubro correspondiente y fue a partir de ese suceso que se dio inicio a la construcción de tan vital vía de comunicación.

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Tal circunstancia demuestra como a partir de un hecho cultural como lo es el certamen más importante de la comunidad galesa en el Chubut, arte y comunidad se encuentran en un punto común de su propia necesidad. Tanto el arte en particular como la cultura en general albergan conceptualmente un definido perfil social (o deberían tenerlo al menos) y cuando los hombres lo interpretan se produce el milagro de la devolución hacia la comunidad.

Griffith Griffiths trabajó en las minas de pizarra de Pfestiniog, al norte de Gales. Llegó a la Argentina a los 54 años con mujer y cinco hijos. Fue el primer archidruida que hubo en territorio nacional. Desarrolló una intensa actividad poética como de prensa escribiendo para los periódicos de su país de origen “Herald Gymraeg” (Heraldo galés),“Faner” (Bandera), haciéndolo también para “Y Draffod” el único existente en la colonia. Falleció en 1909.

Hoy, a partir de la movilización constante de diversos sectores de la comunidad el viejo puente de hierro de Rawson (ya que el de madera no existe desde la inundación de 1899 y el de hierro nunca tuvo nombre) se llama “Puente del Poeta, Griffiths Griffiths”.

(Sobre relatos de Pennant Roberts (bisnieto por línea paterna de Edwyn Roberts, el gran orador de la Colonización Galesa en el Chubut) y Owen Jones (poeta, escritor y ensayista).

Foto Tobías Mussio 📸

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