Columnista
Cuando el salario se mide en kilos de carne

Durante generaciones, en Chubut la carne vacuna fue algo más que un alimento. Fue la medida de una semana normal, del asado del domingo, de la mesa compartida. Hoy esa medida se achica, y no por un cambio de gustos: se achica porque el salario ya no alcanza.
Los números nacionales son elocuentes. Según CICCRA, el consumo de carne vacuna cayó a 46,3 kilos por habitante al año a julio de 2026, el registro más bajo en más de dos décadas, casi cinco kilos menos que un año atrás. En paralelo, el pollo y el cerdo marcan récords. Podría leerse como una diversificación saludable de la dieta. Sería una lectura cómoda, y equivocada.
Lo que ocurre en Chubut tiene nombre: pérdida de poder adquisitivo. El Observatorio de Economía de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNPSJB) muestra que el salario privado registrado de la provincia cubre hoy 13,5% menos Canasta Básica Total que en 2023. Fuera de los meses de aguinaldo, el índice ronda 1,39 canastas, por debajo del umbral que el propio Observatorio asocia a una pérdida fuerte. Y hablamos del segmento formal y privado: los estatales, con enorme peso en nuestra provincia, acumulan pérdidas superiores al 30% desde fines de 2023.
El problema se agrava al mirar el precio relativo. En el último año, los cortes vacunos subieron 53,6% contra un IPC de 33,4%. La carne no acompañó la inflación: la superó con holgura. Si cruzamos ambos datos, el salario chubutense medido en kilos de carne perdió del orden de un 20% de su capacidad de compra. No es una cifra oficial, es una estimación, pero alcanza para entender por qué el carnicero del barrio vende menos.
Y lo confirma el mostrador. Carniceros de Trelew relatan caídas abruptas de ventas, clientes que pagan la carne en cuotas con tarjeta, con interés incluido, y comercios que reducen personal. Cuando un alimento básico se financia como un electrodoméstico, estamos frente a una señal social, no comercial.
La paradoja es patagónica. Somos una provincia que produce carne bovina en los valles, cordero en la meseta y pescado en sus costas. Sin embargo, nuestros vecinos de Trelew, Rawson o Comodoro no encuentran en esas proteínas una alternativa accesible. El consumo nacional de ovino no llega a un kilo y medio por habitante; el de pescado ronda los siete. La producción está. Lo que falta es el puente con la mesa local.
¿Qué hacer?
No hay soluciones mágicas cuando el problema es el ingreso, pero sí hay margen de acción. Primero, medir: Chubut no tiene una serie propia de consumo de carnes, y sin datos locales las políticas se diseñan a ciegas. Segundo, acortar la cadena: ferias y ventas directas del productor del Valle al consumidor pueden trasladar parte del margen al bolsillo. Tercero, promover nuestras proteínas: cordero y pescado fraccionados, con precios de referencia, sin resignar exportación. Y cuarto, seguir de cerca el endeudamiento de los hogares como alerta temprana.
La carne vacuna no va a desaparecer de la mesa chubutense. Pero si dejamos que se convierta en un lujo de aguinaldo, habremos perdido algo más que kilos per cápita: habremos aceptado que el trabajo en Chubut ya no alcanza para lo que siempre alcanzó.
Fuentes
-Observatorio de Economía, FCE-UNPSJB
-Observatorio del Salario ATE-INDEC, informe de julio 2026
-Radio Chubut, testimonio de carnicerías de Trelew, febrero 2026.
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Artículo escrito por Pedro Eugenio Sánchez.


























