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Columnista

¿Es momento de invertir en ganadería en Chubut? Yo creo que sí.

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La ganadería bovina atraviesa un ciclo con señales que hace tiempo no veíamos. La pregunta que me queda, trabajando todos los días con productores, feedlots, e intentando que existan programas de financiamiento en la provincia, es concreta: ¿qué significa esto para Chubut?

Mi respuesta es que sí, es momento de invertir en ganadería. Pero en Chubut no alcanza con copiar la receta de la región pampeana. Tenemos ventajas propias y restricciones propias, y el que las entienda primero va a capturar el ciclo.

Un contexto que empuja

Tres señales sostienen el optimismo. La primera son los precios: la demanda mundial de carne sigue firme y la retención de vientres en los principales países productores achica la oferta, lo que intuyo que sostendría los valores durante varios años. La segunda es la eficiencia. La tasa de marcación nacional viene creciendo y ronda el 70% (aunque no es del todo eficiente), y cada vez más productores apuestan a producir más pasto antes que a sumar cabezas. La tercera son los mercados: la tracción de Estados Unidos y el potencial del Sudeste Asiático abren destinos que pagan por calidad y por estatus sanitario, somos buenos en esto. En síntesis, el mundo demanda carne y está dispuesto a pagar por calidad, sanidad y trazabilidad. Esa es exactamente la puerta que a Chubut le conviene empujar.

Una alternativa frente a la caída ovina

La actividad ovina, columna vertebral histórica de nuestra producción, viene sufriendo una caída abrupta desde hace algunas décadas. Sequías, precios de la lana (hoy un poco mejor), rentabilidades, predadores y abandono de campos achicaron majadas y expulsaron gente del territorio, cerrando tranqueras por montón. En ese escenario, el bovino aparece como una oportunidad de reemplazo donde la oveja ya no cierra, o de diversificación donde conviven. No se trata de abandonar la lana, sino de darle al productor otra pata para sostener su empresa y su campo en producción.

Lo que esto significa para Chubut

El Valle Inferior del Río Chubut produce por sí solo el 56 % de la carne vacuna que se consume en la provincia. El resto llega desde el norte, con fletes largos que terminan pagando las familias en el mostrador de cada carnicería. Ese 44 % que todavía viene de afuera tiene que ser leído como una oportunidad y un desafío, y convertirse en el foco de nuestro trabajo: es el mercado que tenemos al lado de la tranquera.

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Tenemos con qué ocuparlo. Los valles irrigados, con el VIRCh a la cabeza, pueden producir alfalfa y pasturas de alto rendimiento. Los mallines de meseta y cordillera son recursos forrajeros valiosos si se manejan bien. Y la región ya tiene encierres y engordes que demuestran que se puede terminar hacienda acá, con escala y con números. A eso se suma un activo que pocas regiones del país tienen: el estatus sanitario patagónico. Hay que cuidarlo y hacerlo valer, porque es justamente lo que piden los mercados más exigentes.

Y la calidad está probada. La carne del VIRCh tiene una calidad excelentísima, como quedó demostrado en el Block Test organizado por el Clúster Ganadero del VIRCh en el 2025, que volverá a realizarse en unas semanas. La capacidad está, el conocimiento está, los corrales y las plantas de faena están. Por eso, en el mediano plazo, no es descabellado pensar en exportar. Primero hay que abastecer mejor el mercado propio, pero con calidad demostrada, sanidad diferencial y escala creciente, la carne chubutense puede aspirar a salir al mundo.

También hay que decir lo que pesa en contra. La sequía recurrente, que llevó a declarar emergencias agropecuarias una y otra vez, el costo de los fletes y de los insumos, la necesidad de escalar la cadena de frío y las habilitaciones para nuevos mercados, y un acceso al crédito que todavía es más difícil que en la pampa húmeda. Invertir en Chubut exige contar con esos riesgos desde el primer día, no descubrirlos después.

El buen contexto solo no alcanza

Un ciclo favorable levanta a todos, pero no premia a todos por igual. Gana el que mide, ordena sus números y mejora lo que controla: preñez, destete, carga animal ajustada a lo que el campo realmente da, y manejo cuidadoso de los mallines, que son el recurso más valioso que tenemos. En la Patagonia, donde la sequía, el viento y las distancias nos ponen a prueba cada año, y donde una hectárea de meseta produce una fracción de lo que rinde en la pampa, cada punto de preñez y cada kilo destetado valen más que en cualquier otra región del país.

Y hay una oportunidad colectiva. Chubut produce menos carne de la que consume, y la mayor parte llega en camión desde el norte, cruzando la barrera sanitaria. Integrar la cría de la meseta y la cordillera con la recría y el engorde en los valles irrigados como el VIRCh, sumar faena y comercialización local, y aprovechar nuestro estatus de zona libre de aftosa sin vacunación nos permite retener en la provincia el valor que hoy se va con cada camión que entra.

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Prepararse ahora

Los ciclos ganaderos son largos: lo que se decide hoy en vientres, pasturas y agua se cosecha en tres o cuatro años. Por eso el momento de moverse es ahora, no cuando los precios ya estén en todos los titulares. Mi lectura es simple. El productor chubutense que se prepare ahora, con números claros, forraje asegurado y un plan de financiamiento realista, va a estar mucho mejor parado cuando el ciclo se consolide. Y la provincia que acompañe ese esfuerzo va a ganar algo más que carne: arraigo, empleo y un piso más alto para todo el sector.

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Por el secretario del Clúster Ganadero del Valle Inferior del Río Chubut (VIRCh), Pedro Eugenio Sánchez.

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