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Sara James un ejemplo de gratitud y optimismo para el rugby femenino

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Sara James, una figura emblemática en el rugby femenino, culminó una destacada trayectoria de 18 años con una despedida en las canchas del Club Draig Goch.

Originaria de Trelew, Sara recorrió 45 cuadras (literal) desde la terminal hasta el Parque de Mayo para unirse a Las Malen, un equipo que dejó su huella en el rugby nacional y contribuyó al desarrollo de jugadoras que ahora forman parte de Las Yaguaretés, la selección argentina femenina.

Entrevistada en exclusiva por El Valle Online la entrenadora de Las Dragonas de Gaiman compartió detalles sobre su travesía deportiva y la pasión que siempre la guió.

“Armé una y otra vez el bolsito durante 3 años, luego me recibí y eso me alejó 720 km de mi lugar de entrenamiento, pero no me alejó de mi pasión, de mis objetivos y de mis convicciones” resaltó la deportista de 39 años que nunca abandonó su dedicación al el rugby. Su viaje continuó desde Trelew hacia Bahía Blanca durante los siguientes 5 años, “siempre comprometida con el entrenamiento previo al partido o para ver a mis amigas, hermanas del rugby y pasarla siempre muy bien”.

Sara rememoró momentos destacados, como ser parte del primer equipo argentino de XV en jugar en Europa en 2011, participar anualmente en el nacional de clubes desde 2010 “y desde los inicios hacer grandes amigas que se reparten por cada rincón de Argentina”.

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Hasta que se unió al Club Draig Goch, y asegura que “con cautela”, la fueron invitando y fue ganando un espacio en la mesa, en el quincho de Mariano García (asado de por medio), con la comisión del club, y sembrando la idea de sumar el plantel femenino. “Bueno, se ve que fui diligente, perseverante, y la tranquera del club, se abrió al rugby jugado por mujeres en mayo de 2014” recordó sobre el histórico momento que vivieron las primeras 8 jugadoras. Así fue como el sueño de Sara y la rueda comenzaban a girar. Las Dragonas, bajo su liderazgo, se incorporaron a la Unión de Rugby del Valle del Chubut (URUCH). Luego en el mes de agosto lo hizo Kroke como coach.

En octubre de ese año, Sara jugó su último nacional de clubes logrando un histórico 4º puesto. “Me despedí de Argentina B.B. para ser una Dragona con papeles incluidos de pase” sostuvo, y luego recordó que en el mes de noviembre debutaron como equipo en Bigornia, “y ahí empezó un camino de aprendizaje y de historia para este hermoso club”.

La deportista destacó que el equipo le brindó “el gran orgullo” de ser capitana. “Y eso saben, conlleva una gran responsabilidad. Siempre intenté aportar desde mi experiencia en el juego, pero mucho más transmitir desde el corazón, el amor que siento por este deporte, inculcar sentido de pertenencia, amar los colores, pero sobre todo que se atrevan a soñar tanto como yo” destacó.

También recordó que el próximo año las Dragonas cumplen 10 años, “10 años de muchas victorias, alegrías, viajes, amistades, hermandad. Pero también de días grises, no lo podemos negar, pero siempre nos tuvimos la una a la otra para afrontar los desafíos”.

Agradecimiento

Sara, al despedirse de las canchas, asegura que sólo le queda agradecer. “Primero a mi familia entera, pero en especial a mi mamá por velar por mí, antes, durante y después de cada partido (perdón por hacerte sufrir en cada tackle o aplastada que me daban); y también a mi papá”.

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También extendió su reconocimiento a diversos actores que contribuyeron significativamente a su carrera y experiencia en el rugby.

Primero, expresó su gratitud a su “banda amiga” por su constante apoyo, destacando la importancia de contar con un círculo cercano en esta travesía. Reconoció el valioso aporte de entrenadores y preparadores físicos, tanto de Las Dragonas como del seleccionado, de quienes aprendió enriquecedoras lecciones y agradeció por el continuo respaldo.

Sara no dejó de incluir en sus palabras de agradecimiento a las jugadoras de otros equipos, reconociendo que “el juego no sería posible sin la participación y esfuerzo de todas”.

A los árbitros, les expresó su reconocimiento por impartir justicia con predisposición y por elegir ser parte del desarrollo del rugby al arbitrar los encuentros.

La reconocida jugadora también extendió su agradecimiento a dirigentes y referentes, reconociendo la huella que dejaron en su camino como jugadora. Tuvo palabras especiales para cada jugadora que marcó su experiencia como entrenadora, desde los inicios, incluida la II 9 de Sol de Mayo.

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El Club Draig Goch ocupó un lugar especial, al asegura que fue su “segunda casa” por sus colores, su gente y, sobre todo, por el “dragón que vive en mí, que es mi sangre y mi herencia”.

Finalmente, dedicó un agradecimiento especial a Las Dragonas, por haber sido su sueño hecho realidad, destacando que siempre las consideró su orgullo y su impulso.

Además incluyó un especial reconocimiento a las “mini dragoncitas”y a las infantiles, señalando que “son el futuro del rugby femenino”.

Disfrutar

La deportista de 39 años, referente del rugby femenino, también compartió emotivas reflexiones al despedirse de las canchas. “El camino no fue fácil, los inicios de las mujeres en este deporte fueron sufridos y difíciles, seguro hoy también, pero con total respeto lo digo. Hoy ya no hay que viajar 720 km para jugar” señaló, e instó a las jugadoras a que “disfruten de las cercanías, abracen los desafíos, habrá miles, pero el que abandona, pierde”.


También resaltó la importancia de tener “un objetivo o un sueño”, destacando su propia experiencia de trabajar arduamente para alcanzar el suyo. Subrayó que “los sueños implican esfuerzo, lágrimas, fortaleza y dedicación, pero con el tiempo se ven los resultados”.

Comprometida con el crecimiento del rugby femenino, expresó su determinación de seguir trabajando arduamente en este propósito y animó a las jugadoras a “disfrutar del juego, sonreír, valorar lo que tienen” y recordó una sabia frase de una gran deportista: “A veces hay que llorar al comienzo para reír al final”.

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Finalmente, Sara agradeció al rugby por los 18 años de experiencias compartidas y expresó su aprecio a todos los que compartieron este día con ella. Con un cariñoso mensaje, concluyó: “Los quiero mucho”. Un cierre lleno de gratitud y optimismo para las generaciones futuras del rugby femenino.

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