Connect with us

Columnista

Pensar (todavía) humano vs IA, o el malentendido de fondo

Avatar photo

Publicado

de

Durante mucho tiempo pensé que pensar era algo bastante obvio.
Uno piensa cuando analiza, cuando reflexiona, cuando encuentra una buena respuesta.

Después apareció la inteligencia artificial y empezó a hacer todo eso —y más— con una facilidad inquietante.
Y entonces apareció la pregunta equivocada: ¿la IA piensa? O peor: ¿nos va a quitar el pensamiento?

Tal vez el problema no sea la IA.
Tal vez el problema sea que nunca nos pusimos realmente de acuerdo sobre qué es pensar.

Decimos “estoy pensando” cuando en realidad estamos reaccionando.
Decimos “pensé mucho la decisión” cuando solo la justificamos después.
Decimos “la IA piensa mejor que nosotros” porque escribe más rápido, resume mejor o encuentra patrones que a nosotros se nos escapan.

Anuncio

Pero todo eso —aunque impresione— no toca el núcleo del pensar humano.

Por qué la IA ejecuta y el pensamiento humano empieza cuando alguien frena

Pensar, en su forma más básica, no empieza con una respuesta.
Empieza con una interrupción.

Algo ocurre —una frase, una crítica, una propuesta, una incomodidad— y, por un instante, no sabemos qué hacer con eso.
Ese instante es frágil.
Dura poco.
Y solemos llenarlo rápido: con una opinión, con una acción, con una explicación, con una reacción.

Pero si ese instante se sostiene un segundo más, pasa algo distinto: aparecemos nosotros.
No el rol.
No la respuesta automática.
No la identidad defensiva.
Nosotros, dándonos cuenta de que algo nos está pasando.

Anuncio

Ahí empieza el pensar.

Pensar, en sentido humano, es interrumpir la reacción automática y tomar conciencia de lo que nos ocurre antes de decidir qué hacer con eso.

Hace unos días le pedí a una inteligencia artificial que escribiera un texto sobre un tema complejo.
En segundos me devolvió algo claro, ordenado y convincente.
Mi primera reacción fue usarlo tal cual.
Pero al releerlo sentí una leve incomodidad: no terminaba de ser mío.
Ese pequeño freno —esa duda antes de publicar— fue más pensamiento que cualquier argumento del texto.

Ese gesto —mínimo, casi invisible— es profundamente humano.
Y no tiene nada que ver con velocidad, eficiencia ni rendimiento.
Tiene que ver con pausa.

Anuncio

La inteligencia artificial no hace eso.
No porque sea “menos”, sino porque no es un alguien.

Una IA no se da cuenta de sí.
No suspende un impulso.
No se pregunta si debería responder distinto.
No carga con las consecuencias de lo que produce.

Procesa.
Optimiza.
Responde.
Y lo hace extraordinariamente bien.

Pero no frena.

Anuncio

Cuando la velocidad deja de ser pensar

El verdadero contraste entre humano e IA no está en la inteligencia, sino en el tiempo.
La IA acelera.
El pensamiento humano empieza cuando alguien decide no acelerar.

Por eso la IA nos incomoda tanto: porque deja en evidencia que gran parte de lo que llamábamos “pensar” era solo procesamiento mental.
Y eso, ahora, ya no nos pertenece en exclusiva.

Entonces aparece el miedo: “nos vamos a volver estúpidos”.

Pero la estupidez no es falta de información.
Es falta de suspensión.

Anuncio

Cuando alguien nos critica en redes, la reacción automática es responder.
El pensamiento empieza cuando decidimos no hacerlo de inmediato.

Uno no se vuelve estúpido porque una máquina escriba mejor.
Uno se vuelve estúpido cuando ya no se detiene nunca, cuando todo se responde de inmediato, cuando toda incomodidad se tapa con una solución rápida.

Y eso empezó antes de la IA.

La IA no nos quita el pensamiento.
Lo que hace es poner en crisis una confusión vieja: la de creer que pensar es producir.

Anuncio

Pensar no produce.
Pensar transforma.

Transforma la manera en que decidimos.
La manera en que actuamos.
La manera en que asumimos pérdidas y consecuencias.

Y eso no se puede delegar.

Tal vez el desafío no sea enseñar a usar inteligencia artificial.
Eso es relativamente fácil.

Anuncio

El verdadero desafío es no perder el hábito de detenernos, de darnos cuenta, de diferenciarnos de lo que sentimos, y de elegir sin garantías.

Mientras alguien pueda hacer eso —aunque sea por unos segundos— el pensamiento humano no está en peligro.
Está, como siempre, en disputa con la velocidad del mundo.

Y esa disputa no la gana el más rápido.
La gana el que todavía puede frenar.

Por Ing. Norberto Quinan.
Anuncio
Continue Reading
Anuncio
¿Qué opinás?

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Actividades

Solidaridad