Gaiman
Marisa le donó un riñón a Daniel: “El órgano que necesitaba siempre estuvo en casa”

Mientras en Chubut más de 120 personas esperan un trasplante y casi 460 viven en diálisis, una pareja del Valle Inferior eligió la donación en vida. Se casaron en plena pandemia, viajaron a Buenos Aires y cinco años después llevan una vida normal. Una historia que pocos vecinos de Gaiman conocen y que puede cambiar la vida de muchas familias.
Marisa Paillalaf miraba las piernas hinchadas de Daniel Arce y los números de urea y creatinina que, como enfermera, sabía leer mejor que nadie. “Se iba apagando”, recuerda en diálogo con El Valle Online. La persona activa y trabajadora que vivía el día a día a su lado perdía fuerzas, se rascaba la cabeza por una eczema rara y cargaba con una hipertensión que nunca terminaba. La función renal ya estaba por debajo del 30 %. La diálisis se volvió inevitable.
En Chubut hay alrededor de 125 personas en lista de espera de trasplante y cerca de 460 en diálisis. La gran mayoría necesita un riñón, y Marisa no quiso esperar. “Le hablé antes de hacerme los análisis. Le dije que quería ser la donante”. Y fue más allá: “Es más, le digo: en caso de que yo no fuese donante, me gustaría ser donante cruzada… que a otra persona le donen a él y yo le doy a otra persona, como para poder ayudarle. Pero que él tenga su riñón, para poder seguir viviendo”. Luego un simple crossmatch y la compatibilidad de grupo y factor (ambos 0 positivo) confirmaron que podía. “No lo podíamos creer. El órgano que necesitaba siempre estuvo en casa”, resume hoy.
Se casaron en pleno COVID, apenas unos días antes de viajar a Buenos Aires. La cirugía prevista para abril de 2020 se postergó casi un año por la pandemia. Durante esa espera Daniel siguió con diálisis y cada indicación médica. “Siempre tuvimos mucha fe. Nunca pensamos en negativo”, dice Marisa.
En cuento a la alarma la vecina de Gaiman recuerda que fue la hipertensión. “Él siempre estaba con hipertensión y siempre era una cosa o la otra. Me acuerdo que había empezado a hacer pilates y un día le miro las piernas y las tenía hinchadísimas. Después se rascaba la cabeza todo el tiempo, porque la misma contaminación lo llevaba a eso, y se le hacía la cabeza pelada, raro. Como una eczema. Y los valores de la urea y la creatinina eran muy altos. En cada análisis yo lo veía y me daba cuenta que no estaba bien”.
Recién el 25 de marzo de 2021, en el Hospital Italiano, el trasplante se realizó con éxito. Ella permaneció internada solo tres días y rápidamente volvió a caminar por sus propios medios. Él evolucionó favorablemente y ambos regresaron a Chubut.

Marisa y Carlos son una familia muy querida en Gaiman.
Cinco años después, Daniel se jubiló pero sigue trabajando como electricista con medicación inmunosupresora y controles periódicos. Marisa volvió a su trabajo pocos meses después y asegura que nunca sintió limitaciones. “Uno después se siente bien porque ayudó a la otra persona”, reconoce. Ambos remarcan que los estudios de compatibilidad empiezan con simples análisis de sangre y no son invasivos.
La historia de esta pareja del Valle Inferior no es solo un relato de amor. Es una demostración concreta de que la donación en vida es posible, segura y puede acortar años de espera. “Cuando realmente querés a una persona, vivís todo el día con ella y tenés un proyecto de vida, no buscás otra solución que ayudar”, dice Marisa al resaltar que “un análisis de sangre puede cambiarlo todo”. Informarse, hablar en familia y consultar es el primer paso. “La gente no tiene que tener miedo”, insiste.


























