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¿Para replicar? residencia une estudiantes que necesitan vivienda con adultos mayores

Mientras el costo del alquiler representa una de las principales dificultades para estudiantes de la Patagonia y la soledad es una preocupación creciente entre muchos adultos mayores, en la ciudad holandesa de Deventer funciona desde hace más de doce años una iniciativa que parece salida de otro mundo. La residencia Humanitas ofrece alojamiento gratuito a estudiantes universitarios a cambio de algo que no se puede medir en dinero: convivencia y compañía con los adultos mayores que viven allí.
Hoy conviven allí unos 150-160 residentes mayores con seis estudiantes. Algunos cenan juntos, otros juegan a las cartas, salen a caminar, enseñan a usar el celular o simplemente charlan. No son cuidadores profesionales. Son jóvenes. El modelo ya inspiró experiencias en países como Francia y Estados Unidos. No hizo falta construir edificios nuevos ni invertir millones. Bastó con juntar a dos generaciones que necesitaban algo distinto, pero igual de importante.
Una necesidad que en Patagonia se mide con números concretos
Un relevamiento nacional del Observatorio Humanitario de la Cruz Roja Argentina, realizado entre personas mayores de 60 años, reveló que el 33 % se siente solo o “olvidado” por el hecho de ser mayor. Más del 65 % no accede a ningún tipo de terapia o tratamiento de salud mental. El 50 % considera que sus ingresos principales no alcanzan para cubrir los gastos del mes. Los centros de día y de jubilados de las ciudades patagónicas trabajan todos los días contra ese aislamiento. Ofrecen talleres, merienda, compañía y un lugar al que llegar. Pero los recursos son limitados y la demanda crece.
Del otro lado de la misma moneda están los estudiantes. Las universidades de la Patagonia reciben jóvenes que llegan desde pueblos del interior, de la costa, de la cordillera y de otras provincias. Las residencias estudiantiles y las becas de albergue existen, pero no alcanzan para todos. Un monoambiente en las ciudades patagónicas puede representar un esfuerzo enorme para una familia o para un chico que se mantiene solo. El acceso a la vivienda es uno de los principales filtros para poder estudiar lejos de casa.
Humanitas demuestra que la solución no tiene por qué ser compleja. Los estudiantes no reemplazan al personal de salud. Solo están. Comparten el tiempo. Enseñan a mandar un mensaje de WhatsApp, escuchan una historia, toman un té juntos. A cambio tienen techo. Los mayores recuperan contacto con el presente. Los jóvenes ganan una red de afecto y un lugar donde vivir sin que el alquiler supere su presupuesto.
¿Por qué no probar algo parecido acá?
Una residencia o un centro de día podría ceder dos o tres habitaciones a estudiantes de las universidades o terciarios de la región a cambio de horas de presencia real. No de “cuidado profesional”, sino de compañía. Compartir el mate. Enseñar a usar el celular. Escuchar. Estar.
Porque mientras muchos estudiantes necesitan un lugar donde vivir, miles de adultos mayores necesitan compañía, conversación y vínculos. Humanitas demuestra que esas dos necesidades pueden encontrarse bajo un mismo techo. ¿Te parece que este modelo podría funcionar?


























