Inspiradoras
“No hay que atravesar el cáncer en soledad”: el mensaje de una vecina de Trelew desde el Instituto Fleming

Mientras realiza su tercer tratamiento en el Instituto Alexander Fleming, la vecina de Trelew decidió compartir su experiencia con El Valle Online para transmitir un mensaje de esperanza y promover una red de acompañamiento entre personas del Valle Inferior que deben estar lejos de casa por su salud. Un pequeño gato tejido de color violeta, que dejó junto al cartel de Soledad Díaz, se convirtió en un símbolo de su propio deseo de sanación.
Karen Ramírez es una vecina de Trelew y madre de dos pequeños, que atraviesa un nuevo desafío de salud y encontró en su experiencia una oportunidad para acercarse a otras personas que transitan una enfermedad oncológica lejos de sus hogares. Mientras realiza su tercer tratamiento en el Instituto Alexander Fleming en Buenos Aires, decidió compartir su historia con El Valle Online con un propósito claro: que quienes atraviesan una situación similar sepan que no están solos y que también pueden encontrar compañía y contención durante ese camino.
Según contó, se trata de su segundo cáncer. Desde lo vivido, busca transmitir la importancia de apoyarse en otras personas, compartir las experiencias y construir vínculos que ayuden a sobrellevar las dificultades que implica recibir atención médica lejos de la familia, los amigos y el lugar donde transcurre la vida cotidiana.
En ese recorrido, el martes junto a su esposo, Brian Jones oriundo de Gaiman, se acercó al cartel que dejó Soledad Díaz, otra vecina de Gaiman cuya historia fue publicada por El Valle Online y tuvo repercusión en medios nacionales.

Allí, Karen se encontró con un espacio cargado de mensajes de esperanza, fe y deseos de recuperación. Entre cintas, llaveros, anillos, figuras religiosas y otros objetos que las personas fueron dejando, decidió sumar un pequeño símbolo propio: un gato tejido de color violeta.
Un gato violeta y un deseo de sanación
Karen contó que había comprado el pequeño gato a una mujer que vendía artesanías en las calles de Recoleta. Además de gustarle el objeto, quiso colaborar con la vendedora y, después, sintió que podía dejarlo junto al cartel como expresión de su propio deseo.
Mientras lo colocaba, Brian le advirtió que estaba pasando el tren. En ese instante, siguiendo el gesto que Soledad había compartido en su historia, Karen también pidió por su recuperación: “Mi sanación absoluta, completa, el equilibrio en el cuerpo”.
La elección del gato tiene un significado especial. Karen es conocida como “la loca de los gatos” por su profundo vínculo con los animales y su tarea de rescate de gatos y perros. Por eso, la pequeña figura tejida no fue un objeto más entre los mensajes del cartel, sino una manera de dejar allí algo que representa una parte importante de su vida.

El gesto también le permitió sentirse parte de una historia que comenzó con otra vecina de la región y que, con el tiempo, se convirtió en un punto de encuentro simbólico para personas que buscan expresar sus deseos de recuperación.
La historia de Soledad Díaz, un puente y el paso del tren
El cartel que encontró Karen está ligado a la historia de Soledad Díaz de Gaiman, quien atravesó tratamientos por linfoma no Hodgkin y mesotelioma.
Durante ese proceso, Soledad convirtió el puente Zabala, que cruzaba habitualmente para llegar al Instituto Alexander Fleming, en un lugar de esperanza. Allí esperaba el paso del tren y pedía por su recuperación.
En febrero de 2026, El Valle Online publicó su testimonio, en el que relató cómo ese ritual adquirió un significado especial durante su tratamiento. El mensaje que dejó en el lugar comenzó a despertar la atención de otras personas, que se acercaron para sumar sus propias expresiones de fe y sus deseos de sanación.
Para Karen, conocer esa historia y encontrarse personalmente con el cartel fue una experiencia movilizadora. En ese espacio pudo dejar su propio mensaje, pero también reconocer que otras personas transitan situaciones difíciles y buscan distintas formas de encontrar fuerza para seguir adelante.
Una red de acompañamiento para los vecinos del Valle Inferior
La experiencia de Karen también está atravesada por el contacto con otras personas de la zona que debieron viajar a Buenos Aires para recibir atención oncológica. Entre ellas se encuentra Gwendolin Jones, nacida y criada en Dolavon, con quien mantiene comunicación y un vínculo de acompañamiento.
En septiembre, El Valle Online publicó un pedido de donantes de sangre para una cirugía que Gwendolin debía realizarse en el Instituto Alexander Fleming, después de completar la quimioterapia. A partir de historias como la de Gwen y la propia, Karen considera importante que los vecinos de Gaiman, Trelew, Dolavon y otras localidades del Valle Inferior puedan conocerse y establecer vínculos durante sus tratamientos.
Su propuesta es que quienes se encuentren en Buenos Aires por motivos de salud puedan ponerse en contacto, compartir sus experiencias y brindarse apoyo desde la comprensión de una vivencia común. No se trata de que todos atraviesen la enfermedad de la misma manera, sino de contar con alguien que entienda lo que significa estar lejos de casa en un momento de tanta incertidumbre.

Karen busca que su paso por el Instituto Alexander Fleming no se limite a su propio tratamiento. Quiere aprovechar la posibilidad de compartir su historia para acercar a otras personas de la región y contribuir a que nadie tenga que transitar ese proceso sintiéndose completamente solo.
“No hay que encerrarse”: la importancia de dejarse acompañar
Al hablar de su experiencia, Karen remarcó que cada persona y cada proceso oncológico son diferentes. Por eso, su intención no es ofrecer respuestas universales, sino compartir aquello que considera valioso a partir de lo que le toca vivir.
Entre los aspectos que destacó se encuentran el acompañamiento psicológico, el sostén de familiares y amistades y la posibilidad de hablar con personas que atraviesan circunstancias similares. También resaltó el lugar que ocupan los animales en su vida y cómo esos vínculos pueden representar una fuente de compañía y afecto.
Su mensaje es que pedir ayuda y aceptar el acompañamiento también forman parte del camino. La fe, la esperanza y los pequeños gestos cotidianos pueden brindar fortaleza emocional, sin que eso quite las dificultades ni las particularidades de cada tratamiento.
El pequeño gato violeta que dejó junto al cartel de Soledad reúne, de alguna manera, esas dos dimensiones de su historia: el deseo personal de sanar y la necesidad de encontrar puntos de encuentro con otras personas.
Desde Buenos Aires, mientras continúa con su tratamiento, Karen quiere que su testimonio llegue a otros vecinos del Valle Inferior que estén atravesando una enfermedad oncológica lejos de sus hogares. Su propuesta es sencilla: acercarse, compartir las experiencias y construir una red de apoyo para recordar que, aun en un momento difícil, es posible encontrar compañía durante el camino.


























