Gaiman
La pasarela de Gaiman: décadas de historias sobre el río Chubut y el legado de José “Pepe” Arias

Hace pocos días concluyeron los trabajos de reparación de uno de los lugares más emblemáticos de Gaiman: la histórica pasarela colgante que atraviesa el río Chubut.
Mucho más que un paso para vecinos y estudiantes, la pasarela se convirtió con el paso de los años en uno de los paisajes más fotografiados de la localidad. Cientos de turistas y pobladores la eligieron como escenario para sus recuerdos, con el río Chubut como protagonista de fondo y la particular belleza de Gaiman completando cada imagen.
Su historia también quedó ligada al cine argentino. En 1995, el lugar fue utilizado como escenario de la película Caballos Salvajes, incorporándose así a una producción que forma parte de la memoria cinematográfica nacional.
A diario, la pasarela es utilizada por personas que se trasladan hacia sus trabajos, estudiantes que concurren a las escuelas y vecinos que cruzan de una margen a la otra. En sus estructuras también aparecieron, con el paso del tiempo, los tradicionales candados colocados por enamorados como símbolo de un amor que buscaba quedar sellado para siempre.
Y, como toda obra que forma parte de la vida cotidiana de una comunidad, también guarda pequeñas anécdotas. Algunos vecinos todavía recuerdan los resbalones durante los días de lluvia o aquel taco de alguna dama que quedó atrapado entre los espacios de las antiguas tablas de madera.
El legado de José “Pepe” Arias
Detrás de esta construcción hay una historia que merece ser contada.
José Arias, “Pepe” para su familia y sus amigos, nació el 8 de agosto de 1913 en Bahía Blanca. Era hijo de Severino y Elvira Liébana y llegó a Gaiman en 1942, cuando Chubut todavía era Territorio Nacional.

Junto a Petra Díez de Gaiman formó su familia.
Trabajó durante más de 20 años en Vialidad y junto a Petra Díez, oriunda de Gaiman, formó su familia. La llegada de sus hijas mellizas, Mabel y Mirta, completó el hogar.
Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre amable, trabajador y de gran corazón. Pero en la historia de Gaiman quedó especialmente ligado a una obra que realizó en apenas cuatro meses: la construcción de la pasarela sobre el río Chubut.
La historia contada por un amigo
Aunque José ya no está, su recuerdo permanece vivo entre quienes compartieron parte de su vida. Uno de ellos es Rubén Ferrari, quien conserva numerosas historias de aquel hombre al que consideraba un querido amigo.

La llegada de sus hijas mellizas, Mabel y Mirta, completó el hogar.
“Era un camionero que llegó a la provincia en el año 1942, en ese tiempo territorio. Vino como empleado de Gas del Estado, manejando uno de los camiones de la empresa que llegaba hasta Comodoro Rivadavia”, recuerda Rubén.
Según relata, José transportaba materiales desde Buenos Aires y tenía además grandes conocimientos de mecánica.
“José era muy buen mecánico también, conocía de motores y muchas cosas. Un hombre realmente útil”, cuenta.
Antes de incorporarse a Vialidad, también se destacó por otra habilidad: la cocina. Rubén recuerda que preparaba chorizos para la venta y que esa fue una de las primeras actividades por las que lo conoció.
“Pero eso fue en la primera época que yo lo conocí, cuando era candidato a diputado, por el año 1958”, señala.

Trabajó durante más de 20 años en Vialidad.
Con los años, pese a la diferencia de edad, ambos construyeron una amistad que se mantuvo durante décadas.
Cuatro meses para construir una obra que quedó en la historia
Cuando Rubén Ferrari asumió como intendente de Gaiman, en 1973, surgió la posibilidad de construir una pasarela sobre el puente.
Fue entonces cuando José se acercó a hablar con él.
“Pepe vino a verme y me dijo: ‘Mirá, Rubén, yo no quiero interferir en lo que vos has resuelto, pero te digo que yo estoy en condiciones de hacer la pasarela, sin necesidad de contratista’”, recuerda.
Rubén confiaba en su capacidad. José ya había dirigido anteriormente la construcción de una pasarela en Las Plumas, una obra que había resultado exitosa y que contó con la aprobación y seguimiento de ingenieros especializados.
“Había mucha diferencia: él tenía 47 años cuando yo tenía 22. Yo lo respetaba mucho, era un hombre que se hacía respetar, además, por su forma de ser, era muy educado”, recuerda Ferrari.
Así comenzó una obra que terminaría convirtiéndose en parte del paisaje y de la identidad de Gaiman.
Los aproximadamente 100 metros de la antigua pasarela fueron construidos utilizando maderas de quebracho provenientes de las estructuras del viejo puente, trasladadas desde la provincia del Chaco.
Una vez terminada, se realizó una inauguración simbólica. Primero se celebró el pavimento de las calles y la costanera de Gaiman y, posteriormente, las autoridades y vecinos se trasladaron hasta la pasarela para realizar el tradicional corte de cintas.

Quienes lo conocieron a Pepe dicen que le gustaba sacarse fotos.
“Estaba Pepe y ahí se cortaron las cintas. Mucha gente había caminado y por eso había que ponerle límites también; y le pusimos límite de diez personas por vez”, relata Rubén.
Con el tiempo aparecieron algunos inconvenientes por el movimiento de la estructura. “Después tuvo algunos problemas de bamboleo y ahí lo ligamos al puente y no se movió más”, recuerda.
Una pasarela que también lleva su nombre
La reciente reparación de 2026 permitió recuperar una obra que, durante más de cuatro décadas, conectó las dos márgenes del río y acompañó la vida cotidiana de generaciones de gaimenses.
Pero los trabajos también permitieron recuperar y reforzar la memoria de quien estuvo detrás de su construcción.
Hoy, los carteles ubicados a ambos lados llevan una inscripción que reconoce oficialmente ese legado: Pasarela “José Arias”. Debajo, una indicación recuerda la capacidad máxima permitida: diez personas.
La renovación incluyó el reemplazo de 390 peldaños a lo largo de sus 100 metros, además de diferentes trabajos complementarios destinados a recuperar la estructura.
El recuerdo que permanece
Entre las historias que Rubén conserva de su amistad con José aparece también un viaje a Buenos Aires, realizado por una cuestión de salud. El recuerdo del trayecto compartido en un automóvil Morris permanece especialmente presente.
Por eso, al hablar de su amigo, expresa su agradecimiento y afecto: “Agradezco de todo corazón a mi querido Pepe”.
José continuó ligado a las tareas de mantenimiento incluso durante su vejez. Rubén recuerda que, hasta sus últimos años, cuando tenía 93, todavía subía al techo para limpiar y cambiar el flotante del tanque de agua.

Hoy, cada persona que cruza la pasarela quizás vea solamente una estructura sobre el río. Pero detrás de esos 100 metros hay décadas de historias, fotografías, encuentros, anécdotas y recuerdos.
Y también está la historia de un hombre que llegó a Gaiman en 1942 y que, con su trabajo y sus conocimientos, dejó una obra que continúa formando parte del paisaje y de la memoria de la localidad.
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Agradecimientos: Mabel y Virginia Paz, por el material fotográfico; y Rubén Ferrari, por sus aportes históricos y testimonios.


























