Gaiman
La educación que se sostiene de noche

El viernes pasado en Gaiman, los cursos de tercero primera y tercero segunda de la Escuela Secundaria N° 761, que funcionan bajo la modalidad Educación Permanente de Jóvenes y Adultos (EPJA), cerraron su ciclo lectivo. Para quienes miran la educación de adultos desde lejos, puede parecer una fecha más en el calendario. Para quienes estuvimos ahí, es una marca importante: terminaron un año que exigió mucho más de lo que se ve.
Estos jóvenes adultos —con trabajos, familias, responsabilidades y vidas que ya están en marcha— sostuvieron durante años un esfuerzo que merece ser reconocido. Ellos cumplieron tres años en la institución, y yo también. Compartimos un proceso que no se mide en notas, sino en constancia.
Cada noche, de lunes a viernes, llegaban después de trabajar, de cuidar a sus hijos, de resolver el día. A veces cansados, a veces con la cabeza en otra parte, pero siempre presentes. Lo que lograron no es solo completar un año: es mantener un compromiso que exige más que tiempo. Exige voluntad.

La educación de adultos tiene una particularidad: nadie está obligado a estar ahí. Cada estudiante llega porque decidió hacerlo, porque quiere abrir puertas nuevas o retomar un camino que la vida les pidió posponer. Y elegir estudiar cuando el día ya está lleno requiere una valentía silenciosa.
Lo que se vivió este año tiene ese valor. No es un cierre definitivo: hay estudiantes que aún tienen instancias por completar, y eso también forma parte del recorrido. Pero lo que sí terminó —y merece ser dicho— es el tramo más difícil: sostener la presencia, la energía y el compromiso durante todo el ciclo lectivo.
En estos días recibí algunos mensajes. Palabras sinceras, de agradecimiento y cariño. Una alumna dijo algo que me quedó resonando: “aprendimos a ver más allá del teléfono”. Simple, concreta, verdadera. Resume lo que intentamos construir cada noche: ampliar miradas, no solo enseñar técnica.
Este final de cursada trae alegría y también una certeza íntima: pudieron llegar hasta acá.
Y en tiempos donde todo parece acelerado, demostraron que avanzar no depende de la velocidad, sino de la decisión.

























