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Estafas con IA: ya no es un preso con un celular
Durante años, la imagen fue la misma: un estafador improvisado, un teléfono precario y un engaño burdo. Esa idea ya no explica lo que está pasando.
Hoy, el riesgo es otro.
El juez penal y especialista en cibercrimen Carlos Richeri lo explicó recientemente en redes sociales con una advertencia clara:
los ahorros y las billeteras virtuales ya no están en riesgo por llamadas aisladas, sino por sistemas automatizados con inteligencia artificial, capaces de atacar a miles de personas en simultáneo.
“Tus ahorros hoy no están en riesgo por un preso con un Nokia escondido bajo el colchón, sino por granjas de bots con Inteligencia Artificial que esperan que cobres tu aguinaldo”, afirmó.
Granjas de bots: estafas a escala industrial
Según Richeri, el primer gran riesgo son las granjas de bots: sistemas informáticos que operan con decenas de agentes automáticos, alimentados con información que las propias personas publican en redes sociales y con datos filtrados que se compran en la dark web.
Por pocos dólares, los estafadores acceden a información precisa que vuelve los engaños mucho más creíbles.
IA que conversa, aprende y se adapta
El segundo riesgo es el uso de agentes de Inteligencia Artificial capaces de mantener conversaciones en tiempo real, por texto o por voz. Estos sistemas no solo interactúan: aprenden de cada diálogo, detectan vulnerabilidades y replican estrategias exitosas miles de veces.
Ya no se trata de una persona haciendo llamados, sino de miles de intentos simultáneos, ajustados en segundos.
La clonación de voz: el engaño más difícil de detectar
El tercer riesgo, y el más grave, es la evolución del hackeo de cuentas de mensajería. Cuando los estafadores toman control de un número, la IA puede clonar la voz del contacto, copiar su tono, su ritmo y utilizar el historial de conversaciones previas.
Cuando la víctima recibe la llamada, ve el nombre conocido, escucha la voz realista y escucha referencias que solo compartían entre ellos. Por eso el engaño es tan efectivo.
Una defensa simple frente a una amenaza compleja
Ante este escenario, el juez remarcó la necesidad urgente de una medida básica: acordar una palabra clave familiar. Una contraseña verbal que permita verificar identidad incluso cuando la voz parece auténtica.
Si no puede decirla, no importa cuán real suene.
Una responsabilidad que también es familiar
Este escenario no solo exige estar informados: exige enseñar.
Muchas personas mayores siguen confiando en que reconocer una voz es suficiente para saber quién llama, y hoy esa confianza puede jugarles en contra.
Hablar del tema en familia, explicar cómo funcionan estas nuevas estafas y acordar medidas simples —como una palabra clave— puede marcar la diferencia entre prevenir un engaño o perder ahorros de toda una vida.
La tecnología cambió.
Las estafas también.
Ahora nos toca concientizarnos y proteger a quienes más confían.